HERIDAS FAMILIARES: EL VIAJE QUE COMIENZA AHORA

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Monterrey, NL 27 julio 2026.- “Eres el hombre de la casa”. Una frase que les ha tocado escuchar a muchísimos niños en México cuando la figura paterna se ausenta.

 ¿Qué pasa con un pequeño que debe asumir el rol de un adulto, frenando su derecho a jugar o expresar vulnerabilidad?

 Un conmovedor recorrido al respecto fue presentado anoche en “Me cargo en mis muertos”, un trabajo unipersonal del actor y director Iván Domínguez-Azdar en el Teatro del Centro de las Artes, en Parque Fundidora.

 Una escenografía sencilla, integrada por fotos familiares para reconstruir un árbol genealógico emocional, bastó para estremecer al público que llenó la mitad del recinto.

 El dominio corporal, la energía y la proyección vocal de Domínguez-Azdar, quien también bailó e interactuó con los asistentes, lograron mantener la atención de la mayoría.

 El monólogo toca un punto sensible para las familias, especialmente las del noreste, donde los hombres han tenido que entender la vida así: trabajar, resistir, proveer, callar y seguir adelante.

 Durante mucho tiempo, Domínguez-Azdar se preguntó quiénes fueron sus antepasados.

 Eso lo llevó a realizar una investigación y, tras conocer a sus ancestros y sus historias, descubrió lo difícil que había resultado la paternidad para ellos.

 Tuvieron que sobreponerse a la pobreza, las epidemias, las pérdidas familiares y al deterioro de la salud por accidentes.

 Aunque la obra surge de una experiencia íntima, muchos pueden reconocer en ella la casa familiar que nunca termina de construirse, el padre ausente o distante, el abuelo trabajador, el niño que crece entre responsabilidades o la sensación de que la familia es el lugar donde más duelen las heridas.

 El actor lanza una reflexión: “Todo lo que le pasa a uno, repercute en todos”.

 Casi al final del monólogo, que duró cerca de una hora, se sentó a conversar con el público.

 Dijo que lo único positivo que siempre escuchó de su abuelo era que tenía habilidad para hacer dinero, mismo que luego gastaba en alcohol.

 “Dinero, siempre dinero, ¿y siempre el trabajo, no? como una forma de validar nuestra hombría”, expresó.

 Domínguez-Azdar no buscó sólo recordar a quienes ya no están, sino reconocer que, de alguna manera, seguimos cargando con ellos: con sus historias, decisiones y heridas.

 Con este monólogo cerró el 36 Encuentro Estatal de Teatro Nuevo León, organizado por Conarte y la Secretaría de Cultura.