HISTORIA: PRIMERO COMO TRAGEDIA Y SEGUNDO COMO FARSA

HISTORIA: PRIMERO COMO TRAGEDIA Y SEGUNDO COMO FARSA
Uriel Flores Aguayo
Vive
en un fenomenal error o una profunda confusión quien crea que lo que pasa en la
política mexicana es algo nuevo. Todo lo que estamos viendo ya se vivió en
México y en el mundo. Desde luego con grados y diversos personajes; sin obviar
el colorido de rigor. Nuestra historia es de caudillos que simulaban ser
institucionales y democráticos. Hemos tenido monarcas casi siempre, la
excepción fueron los tiempos de la transición que derivó en una vuelta al
pasado.
Hubo
partido de Estado y hegemónico, Estatismo económico, presidencia imperial,
partidos comparsa, culto a la personalidad, pensamiento único, escasos
derechos, represión, mínima sociedad civil, etc.. Todo eso acabó por sucumbir
ante la globalización y la pluralidad real de nuestra sociedad. La restauración
en curso vivirá poco o será de fachada. La concentración de poder es un
obstáculo para el desarrollo social y el progreso. No tiene futuro. Se trata de
un autoritarismo desfasado de la marcha del mundo, destinado al fracaso. Es una
pérdida de tiempo.
La
historia mundial nos muestra que las sociedades logran salir hasta del
totalitarismo. Esa es la experiencia del bloque soviético, la España de Franco
y la Italia de Mussolini. El totalitarismo es extremo en ahogamiento de
libertades; lo nuestro es de menor grado, es autoritarismo. En los regímenes
totalitarios no había partidos de oposición, ni elecciones libres, tampoco
libertad de expresión.
Eso lo vive Cuba actualmente. Las dictaduras
comunistas y fascistas eran opresoras y se desenvolvían en burbujas, en
fachadas, sin el consenso de sus sociedades. Todo era forzado y fingido. Apenas
se dieron las condiciones sociales necesarias y esos gobiernos eternos y
arcaicos cayeron estrepitosamente y se hicieron polvo. Sus respectivos
dictadores eran “adorados” por sus “pueblos” y celebraban triunfales desfiles
de masas por cualquier motivo. Las popularidades se construyen con doctrina y
propaganda.
En
algunos casos apenas terminaban las fastuosas celebraciones e inmediatamente la
población asaltaba los palacios hasta llegar a fusilar a sus gobernantes como
pasó en Rumanía. Lleva su tiempo, al final caen. No es una especulación, son
hechos vistos y verificables. El problema es que son años de sufrimientos y
pobreza. Ninguna dictadura mesiánica y opresora puede ser fuente de progreso.
La sociedad las tolera por ilusión y por miedo.
Primero
hay esperanza, después hay frustración. No hay de otra. A más poder del
gobierno corresponde más debilidad de la sociedad. El gobierno no genera
economía, la administra, y casi siempre mal.
El
culto a la personalidad despoja de auto estima al ciudadano y lo vuelve
mediocre. Se vuelve dependiente y
expectante de seres providenciales. Convierten en religión y asuntos de fe lo
que es humano y de hechos.
No hay
forma de salir adelante sin democracia, división de poderes y estado de
derecho. Sin esos pilares de una sociedad moderna y viable viene el atraso, el
abuso y la ocurrencia. Con el tiempo, ante una realidad que no pueden cambiar,
suelen venir procesos de autocrítica y deslindes del grupo en el poder. Sin
obviar rupturas y reacomodos. El triunfalismo, la ignorancia y la prepotencia
hace que tarden un poco más en enfrentar la realidad; después serán sus propios
intereses personales y de grupo los que los enfrenten.
Todo
eso está en la historia de México y el mundo. Es una película ya vista muchas
veces. No debe haber lugar para el pesimismo; el problema es de ellos por su
ambición de poder y afán autoritario. Si no entienden, saldrán mal y manchados.
Al tiempo.
Recadito:
¿hay gobierno en Veracruz?…