Honestidad y congruencia, la amistad verdadera
Honestidad y congruencia, la amistad verdadera
Una despedida para
Edgar Vázquez Vázquez
Biblioteca Iturriaga
Los
tiempos que vivimos probablemente serán recordados como unos de los días más
duros para despedir a un amigo, el agobio y la incertidumbre flotan en el aire
como una nube baja, demasiado pesada, cargada de agua. Hace nueve días
despedimos a Edgar Vázquez, sin poder decirle adiós, sin estar listos como
nunca se está frente a la muerte de alguien a quien hemos apreciado por tantos
años. Edgar hace ya más de veinte años, fue uno de los varios jóvenes que
visitaba a Don José Iturriaga en su casa de retiro en Coatepec, Veracruz. En
las largas tardes de conversaciones era una presencia constante y atenta, lo
recordaremos siempre sonriendo a las muchas anécdotas con las que se adornaba
la mesa rigurosamente redonda.


La
amistad que se cultivó entre Don José y el joven Edgar fue sincera y cotidiana,
su presencia en casa no era la del visitante de ocasión o el que busca la
oportuna aparición a la hora en que se encienden los reflectores. Y esa amistad
pronto se extendió por toda la casa como las mejores plantas de esta región del
mundo donde todo crece de forma tan espontánea e igualmente floreció como sólo
saben hacerlo las bugambilias coatepecanas. Edgar vivió los mejores años de esa
casa, los de las grandes comidas, las pláticas y las cátedras que se alargaban
de la comida a la cena sin hacer ni una sola pausa.
Luego
despedimos a Don José, pero Edgar no se despidió de la casa, con el compromiso
de su biblioteca heredada a Coatepec, ni de la familia. Él siguió aquí, en cada
ocasión era puntual como siempre lo había sido. Su amistad se demostró
honorable y auténtica, permaneció al alcance de la mano con disposición y
entusiasmo.

Es
difícil hablar de los hombres comprometidos cuando se trata de los que gravitan
en la esfera pública, para hacerlo hay que asomarnos a veces a sus espacios
privados, al lugar de las amistades cercanas. Ahí sí podemos saber qué tan
auténticos son los valores de las personas que militan como verdaderos amigos.
Quizá sea esto una de las cosas más importantes para preservar en la memoria
cuando alguien se va, tan de pronto y tan a destiempo: que era un hombre
honesto y un amigo auténtico, que no faltó nunca a una cita, que no dejó un
sólo año de mandar a casa un regalo de navidad, o de recordar las fechas más
importantes.
Esta
esquina de Veracruz ha perdido a un hombre apasionado de la vida pública, con
ambiciones intelectuales, articulado y congruente. Fue legislador y funcionario,
dirigía la edición de una revista, ejercía su oficio de abogado, también en el
mundo académico tenía una presencia destacada. Nos entristece mucho despedirlo,
como es el caso de tantos ahora, no era su tiempo, había muchos planes hacia
adelante. Nos duele pensar en los proyectos que se le habrán quedado
pendientes. Es injusta esta forma en que los amigos de verdad se van sin
haberse despedido, nos quedamos esperando, con el café listo y las puertas de
la biblioteca con ganas de volver a abrirse para recibirlos como siempre.
Que
sirvan estas palabras simples y breves para agradecerle al abogado Edgar
Vázquez Vázquez por su presencia gentil y atenta, por la congruencia de su
amistad a toda prueba, por el compromiso con la memoria de Don José Iturriaga.
Son estas palabras de agradecimiento que esperamos den un poco de fortaleza a
quienes lo han perdido, para su familia y allegados, deseamos pronto consuelo y
una memoria larga que haga perdurar su recuerdo.