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Agencia Reforma

Monterrey, NL 30 mayo 2026.- El 1 de junio de 1926 nació Marilyn Monroe. Al recordarla ahora, al cumplirse su centenario, seguramente será motivo para reabrir muchas perspectivas de su figura, de su personalidad, su trayectoria en el cine y el naufragio de sus matrimonios y vida amorosa.

 Habrá también quienes regresen a los poemas que inspiró tras su muerte: quizá el más visible en nuestra literatura sea uno de Ernesto Cardenal, pero en esta ocasión iré a la poesía que la misma Marilyn escribió desde la eventualidad, sin pretensiones literarias, sino simplemente para dar salida a sus sentimientos, una experiencia emocional que, más allá de las frivolidades de su entorno, se manifiesta sensible, que a veces toma una forma lírica y en otras se revela en una reflexión sencilla, que sin aspavientos, se escribe para entenderse a sí misma:

 No es muy divertido

 conocerse a sí mismo

 demasiado bien

 -O creer que lo haces

 Todos necesitan un poco de vanidad

 para ser llevados más allá

 y a través del acantilado.

 El libro que usé de referencia para escribir esta nota es “Fragments: Poems, Intimate Notes, Letters by Marilyn Monroe” (Farrar, Straus and Giroux, 2010). Más allá de las fotografías y la reproducción facsimilar de los manuscritos como curiosidades, es evidente el cuidado de presentar los borradores dentro de un contexto cronológico.

 El libro, editado en este sentido, abarca textos escritos por Monroe entre 1943 y 1962, año de su muerte. Incluye poemas, cartas, notas íntimas, aforismos y reflexiones con respecto a su trabajo, sus relaciones amorosas, y pensamientos surgidos con el paso del tiempo y sentimientos acerca de entenderse ante el mundo que le rodea.

 Como se manifiesta en el esbozo siguiente, los versos apuntan a una visión de su vida marcada por vientos contrarios, por direcciones opuestas que tenía que conciliar de alguna forma:

 Vida –

 Soy en ti direcciones opuestas

 y me avivo más durante la helada

 fuerte como una telaraña al viento

 que incluso colgando hacia lo más bajo

 de alguna manera permanece

 en esa luz que como una joya da su brillo.

 Todos los textos fueron hallados entre sus posesiones personales años después de su fallecimiento. Fueron recopilados y editados por Stanley Buchthal y Bernard Comment, con la colaboración de Anna Strasberg (viuda de Lee Strasberg, quien heredó el patrimonio de la actriz). Por ejemplo, el siguiente poema fue escrito en los papeles de su estancia en la “Parkside House”, en Londres (1956), al poco tiempo de su matrimonio con Arthur Miller:

 Mi amor duerme a mi lado

 en la tenue luz

 y observo cómo su mandíbula viril

 se desentiende ahora ante la boca

 del niño que parece volver

 con una enternecida suavidad.

 En esa sensibilidad que tiembla

 en la quietud

 sus ojos habrán mirado con asombro

 la cueva donde el niño

 -cuando no entendía las cosas-

 se daba al olvido de sí mismo.

 ¿Se verá así cuando esté muerto?

 Tan insoportable como inevitable.

 ¿Pero no sería mejor que muriera

 su amor por mí antes que él?

 En ese mismo dossier y estancia en “Parkside House”, se encuentran muchos otros poemas y apuntes. Me detengo en el siguiente, donde Marilyn confiesa su sensible y abierta intimidad amorosa ante las instituciones y el “deber ser” de una vida en matrimonio:

 Supongo que lo que me aterra

 de ser la esposa de alguien,

 es tener en cuenta

 que no tenemos ya más vida

 para amar a alguien más, algún otro.

 Pero junto a estos apuntes dispersos en hojas de hotel (por así decirles) igual hay cuadernos donde, con alguna formalidad, Monroe llevó una especie de diarios poéticos. Cabe destacar en este sentido la amistad que tuvo la actriz (a finales de los 50 y principios de los 60) con el poeta estadounidense Carl Sandburg (1878-1967), lo cual hizo evidente no solo la convivencia de dos generaciones y dos mundos aparentemente opuestos, sino también reveló la sencillez y el intelecto de Marilyn, alejándola de su imagen frívola y meramente “sexy”.

 Comparto algunos versos entresacados de su “RED LIVEWIRE NOTEBOOK” (1958).

 SOLA

 I

 Dejé mi verde casa rústica y de madera,

 un sofá de terciopelo azul.

 Hasta ahora sueño

 aquel arbusto oscuro y brillante

 justo a la izquierda de la puerta.

 Bajando el camino

 clic clac clic clac

 mientras mi muñeca en su cochecito

 pasaban por entre los bordos-

 “Nos iremos muy lejos.”

 II

 No llores mi muñeca

 no llores te abrazo y arrullo para que duermas

 shhh shhh ahora solo pretendo

 no ser más que tu mami que ya murió.

 III

 Ayuda ayuda

 ayúdenme ahora que siento acercarse la vida

 cuando todo lo que quiero es morir.

 Por la condición fragmentaria de su obra, quizá lo más destacado en las redes son una suerte de frases o aforismos, comparto si acaso uno de los más populares:

 “La imperfección es belleza, la locura es genialidad; y es mejor ser absolutamente ridículo que absolutamente aburrido”.

 Lo cierto es que en muchas de estas citas está la Marilyn Monroe de los medios, el cine, las banalidades de los espectáculos. Prefiero cerrar este apunte con su poesía, unos versos apurados entre papeles de hotel o diarios personales, con tachones, de letra apretujada, sin firma; quizá sin firma no signifique sin Marilyn, pero sí de la mano de Norma Jeane Mortenson, su nombre de nacimiento, en Los Ángeles, California, el 1 de junio de 1926. Aunque comenzó a usar el nombre artístico en 1946, fue hasta 1956 cuando cambió legalmente su nombre a Marilyn Monroe.

 En el prólogo del libro ya referido, Stanley Buchthal nos revela la esencia de lo que puede entreverse en esta obra fragmentaria, y que, una vez reunida:

 “emerge una Marilyn curiosa y culta que desea y se afana en conocer a los otros, al mundo que le rodea, el destino, y claro, a sí misma. Tomó notas, revelando de golpe y con asombro sus sentimientos y forma de pensar. Alguien podría sorprenderse por los errores ortográficos, en los que muy probablemente se hace visible un problema de dislexia pero sobre todo, se encuentra una dimensión desconocida de la personalidad (de Marilyn) que debe atesorarse”

 Cierro entonces con este texto que aparece en la sección de poemas “no fechados”, pero a todas luces, en su discurso, hace evidente el desasosiego de la incomprensión, o ser parcialmente comprendida, y la soledad (entonces) como único reducto para un cabal conocimiento.

 Sólo algunas partes de nosotros

 tocarán en parte a los demás.

 Nuestra verdad es entonces

 sólo eso: la propia verdad.

 Sólo podemos compartir en realidad

 lo que en la experiencia del otro

 puede ser parcialmente aceptado

 -de este modo, uno es uno,

 enteramente, cuando está solo.

 En la naturaleza se hace evidente,

 que en el mejor de los casos,

 podremos comprender a los otros

 buscando nuestra propia soledad.