LA MADRE DEL METRO EN LA C DE M
LA MADRE DEL METRO EN LA C DE M

Oscar
Ernesto de la Borbolla y Rondero (C. de M. 1949) ha sido de todo un poco en
esta vida. Profesor, Conferencista, Ensayista, Poeta, Narrador, Periodista,
Promotor de la cultura, y otras cosas más; pero es bien conocido en los medios
intelectuales nacionales y del extranjero como un apasionado de la Filosofía y
un respetable Escritor. Y, con la entrada de la Cuarta Transformación y el
nombramiento de Paco Ignacio Taibo II en el Fondo de Cultura Económica, se
atrevió a publicar en la Colección Vientos del Pueblo, un trabajo de su autoría.
Se trata del libro, o más
correctamente un cuadernillo, con el título de La Madre del Metro y otros cuentos (México, 2020, Col. Vientos del
Pueblo, Ed. Fondo de Cultura Económica, 1ª, edic. 46 pp.). Aquí se reúnen tres
historias comunes y citadinas breves, escritas a manera de cuento e ilustradas
con dibujos a lápiz de César Silva Paramo, donde se retratan cosas de la vida
real sucedidas en la Ciudad de México, en tiempos casi actuales. Son sólo tres
sucesos de los miles que se viven a diario y a cualquier hora del día en esta
ciudad que dejó de ser transparente y volverse caótica, tal como la vida de los
seres humanos olvidados.
El primero de los cuentos es “La madre del Metro”, en la que un niño
que ha terminado la secundaria, narra lo que en su momento le contó su madre,
lo que le comentaron sus tías que lo vieron crecer, y lo que su corazón ha
sentido desde años atrás, y que marcó su triste existencia, esto es, haber
nacido en unos de los vagones del Metro de la Ciudad de México y al poco tiempo
haber perdido a su madre que aún la recuerda y la extraña. El niño va a diario
a una de las estaciones del Metro con la esperanza de volver a ver a su madre y
que se conforma con imaginarse verla en ocasiones en uno de los muchos carros
naranja llenos de pasajeros, o bien, en algunos de los talleres y fierros
viejos, donde su madre y su padre se conocieron y lo procrearon pasionalmente
algún día.
El otro de los cuentos se
llama “La infancia interminable” y es
la fotografía diaria de lo que pasa o sucede dentro de un salón de cuarto grado
de primaria, donde los niños, más que dedicarse a estudiar para entender el
mundo, gozan efusivamente por agredir o vengarse de los niños de otros grados.
Aquí el niño protagonista de la historia es repetidor, pero igual bastante
agresivo con sus demás compañeros de escuela e incluso con su maestra, a quien
ve por primera vez como objeto de deseo íntimo. El y su amigo Manolo son
protagonistas de muchos actos en contra del edificio escolar y en particular de
los baños. Pero no sólo allí, sino que a la salida de las clases se iban a las
vías del tren de San Lázaro a realizar travesuras entre los rieles,
imaginándose un sinfín de aventuras y de sueños. El niño vivía preocupado por
el problema de su estatura que no aumentaba ni un centímetro más y por su amigo
Manolo que avanzaba de grado y sentía que perdía su amistad de hermano. Era
tanta su obsesión por Manolo que pensaba que soñaba, o bien que todo era una
pesadilla, pero la vida lo recompensó al repetir de nuevo el cuarto grado y encontrase
a otro niño idéntico a Manolo.
Finalmente, cierra el libro
con “Manual de lujuria”, que no es
otra cosa que una narración acerca de un hombre defeño cien por ciento
machista, que vive y goza durante muchos años de asaltar, acosar, maltratar y
violar a infinidad (lista incontable) de mujeres de todas las edades que
encontraba por las calles de los suburbios por donde transitaba a diario.
Cualquier lugar, iglesia, panteón, lote baldío u hotel de paso, ya sea de noche
o de día de cualquier día de la semana, era propicio para hacer el amor, más
bien lograr su satisfacción sexual. Todo lo anterior gracias a que aprendió con
los años a ser un buen conocedor del carácter femenino; pues pese a su escasa
cultura, sabía conquistar con palabras dulces o poéticas a las distintas damas.
Era un verdadero psicólogo con especialidad en mujeres casadas y amplio
conocedor de las técnicas y prácticas para conquistar y satisfacer a las
féminas. Esta historia la escribió uno de sus hijos para honrar la memoria de
su señor padre.