OpiniónUriel Flores A.

La oposición partidista en Veracruz

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La oposición partidista en Veracruz

Uriel Flores Aguayo

Es natural que se critique al gobierno estatal desde la ciudadanía veracruzana. No sólo es un derecho, también es sano para el mejor ejercicio del poder. El vigor de la crítica a los funcionarios y legisladores es un indicador de vida democrática. A más vida pública con opiniones, críticas y denuncias habrá una sociedad donde fluya la participación colectiva y mayor comunicación con las autoridades. Sigue siendo señal de atraso que desde el poder político se inhiba la crítica ciudadana; al contrario, debería respetarse y estimularse. En la confianza y libertad para decir lo que se quiera, con responsabilidad, para aportar y exigir radica la realidad de algún tipo de cambio. El verticalismo oficial es opuesto a una calidad democrática. Si se funciona con una sociedad pasiva, se mantiene la tradición política con la única modificación de colores y actores. Lo ideal es que se vuelva normal y rutina democrática la más amplia y severa crítica de la ciudadanía a sus gobernantes. Lo fácil de entender es que al partido oficial le toca la mayor exigencia ciudadana. Así ha sido siempre y así seguirá mientras haya República y libertad.

Una parte importante de las voces que se refieran a la vida pública, a la política y asuntos de poder, debe reservarse a los partidos políticos de oposición. Sabiendo el nivel que le corresponde en nuestra vida pública, distinto al ejercicio del poder, esa oposición no debe excluirse de la crítica y exigencia social. Son organizaciones de interés público y receptores de abundantes recursos públicos de acuerdo a las leyes respectivas. Tan solo esas formalidades las hacen sujetas del escrutinio ciudadano. Pero hay muchas más razones para que sean organizaciones útiles y transparentes. Deben ser partidos que sirvan como canales de expresión de la ciudadanía y promotores de la participación de la gente. Se vuelven irrelevantes si no fijan posturas concretas y constantes sobre los principales problemas sociales; igualmente, si no defienden causas de la gente y no señalan las deficiencias y abusos en el ejercicio del poder del gobierno.

Lamentablemente el estado del sistema de partidos en Veracruz es precario. Esta es una situación generalizada, incluye a los que están en el poder y a las aposiciones. De éstas últimas no pasamos de vergüenzas. Con menor o mayor implantación territorial y en órganos de gobierno y representación, las oposiciones son testimoniales, omisas y de auto consumo. Es llamativa su ausencia en los momentos importantes de VERACRUZ. Más allá de sus poses declarativas hay muy poco. Algo de patético asoma en sus recurrentes conflictos internos, en su disputa por el control partidario. Dedican casi todas sus energías a hacerse del poder interno y olvidan su papel en la democracia. Nos cuestan bastante dinero para que actuaran como escuelas de la democracia y significaran los puentes y rumbos que la ciudadanía necesita. Una sociedad plural implica diversas líneas ideológicas y políticas. El monopolio partidista, el ejercicio faccioso del poder y la inhibición de la participación y crítica de la ciudadanía son anacrónicos y un retroceso en la lenta y accidentada transición de la democracia en México y en Veracruz. Sin ninguna concesión tenemos que ser más que exigentes con los partidos de oposición. Están obligados legal y democráticamente a jugar un papel útil y relevante en nuestra vida pública e institucional. No se trata de que jueguen a ser políticos sin resultados y lleven una vida pública de privilegios sin responsabilidades.

Recadito: respecto al trato que se dispensa en México al gobierno cubano siempre será actual la máxima del filósofo Juan Gabriel: ¡pero qué necesidad!
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