JUAN JOSÉ ARREOLA
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                                                                                                                René Sánchez García

A principios de los años setenta, Jorge Arturo Ojeda (reseñista editorial) se dio a la tarea de ordenar infinidad de textos diversos en prosa, que el Maestro Juan José Arreola (1918/2001) utilizó en charlas informales, conferencias, conversaciones, entrevistas, clases, mesas redondas y programas de radio y televisión. También seleccionó una gran cantidad de trozos ya impresos, las mejores expresiones que conservan, no sólo la naturalidad de la palabra hablada de este maestro, escritor, académico y editor, sino, además, que detallaran esa dispersión por la que fue duramente criticado durante toda su existencia.

Con todo ese material recolectado del autodidacta jalisciense, salió a la luz en 1973, la primera edición de La palabra educación, bajo el sello editorial de Sep/Setentas (No. 90, 173 p.) y dividido en seis apartados (vida, cultura, conciencia, los jóvenes, el maestro, y palabra), mismos que tienen que ver con la idea del humanismo y la sociedad. Categorías del pensamiento trabajadas con total libertad, apartándolas de todos aquellos movimientos y teorías literarias, que por lo regular cortan toda vía de originalidad.

De los apartados citados, sobresale, sin duda alguna, el relativo al Maestro (a), donde ante todo lo conceptualiza como hombre, mismo que en ningún momento es depositario del conocimiento universal y que sólo lo utiliza para trasmitirlo en cada sesión áulica, sino aquel que desborda, si no sabiduría, si el afán de comprender el mundo y hacerlo comprensible a los demás. El Maestro –dice Arreola- debe ser simplemente un vaso comunicante y un medio transparente que no enturbie la luz que trata de trasmitir a sus alumnos.

El autor de Varia invención, Confabulario, y la hora de todos, entre otras muchas más, menciona que el Maestro debe ser humilde ante la grandeza y recordar siempre que la obra histórica de búsqueda de conocimientos está hecha por hombres y mujeres, que un día se aventuraron a realizar la odisea de imaginar, crear y difundir. El también amigo inseparable de Juan Rulfo y García Márquez, asevera: “El maestro con el que queremos acabar es el que se limita a traer objetos como éste: un libro, y sacar de la casa la mercancía de la cultura. Nos Nace propaganda de Cervantes y nos puede vender Shakespeare, trae catálogos y muestrarios. El maestro debe ser capaz de propagar en nosotros sintiéndolo. Nadie amará lo que quiere convertir en objeto de amor para los demás, si él no lo ama”.

Finalmente, el Maestro Arreola, mil veces calificado como perfeccionista, disperso, contradictorio, afrancesado, comunista, falto de conciencia y hasta loco, envía un mensaje aún válido para estos actuales tiempos cambiantes: “El maestro debe comunicar su personal deleite de lector, ilustrar el estudio con metáforas, hacer del curso mismo una obra literaria llena de animación y movimiento, de emoción y fantasía”.

sagare32@outlook.com