Guadalajara, Jalisco 1 septiembre 2026.- Para Gioconda Belli (Managua, 1948) la palabra nunca ha sido solamente una herramienta literaria. Ha sido una forma de nombrarse, de desafiar el poder, de celebrar el cuerpo, de preservar la memoria y de imaginar otros mundos posibles.
Desde el exilio que hoy vive en España, la escritora nicaragüense, reconocida como la 36 ganadora del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, apenas octava mujer en recibirlo, sostiene que escribir también implica una responsabilidad frente a la época que toca vivir.
“Tenemos que tener voces que nos sepan decir lo que estamos pasando”, afirmó durante una conversación a distancia con medios de comunicación tras conocerse el fallo del galardón, que recibirá este 28 de noviembre durante la inauguración de la 40 edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
Belli habló desde la experiencia de quien ha conocido el desplazamiento en carne propia. Su primer exilio ocurrió en México en 1975 huyendo de la dictadura de Anastasio Somoza y ahora, después de haber sido despojada de la nacionalidad nicaragüense por el gobierno de Daniel Ortega, radica en España. Pero asegura que la escritura le ha permitido no sentirse sola.
“Ya tengo una obra, no estoy sola ni cuando estoy sola, porque tengo toda esa experiencia y esas ganas de decir”, expresó la autora ganadora de premios como el Casa de las Américas, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el Premio de Literatura Sor Juan Inés de la Cruz, que otorga la propia FIL.
En este nuevo exilio, agregó, siente que tiene “una voz que tiene cosas que decir en este mundo, en este momento, en un exilio de todos los migrantes y todo lo que estamos siendo desplazados en el mundo por diferentes razones”.
Esa experiencia ha sido difícil, pero también le ha dado “un sentido de responsabilidad” y la posibilidad de abrazar a quienes viven situaciones semejantes, por eso la literatura puede construir un espacio de encuentro entre quienes han sido obligados a abandonar su territorio.
La palabra también fue para ella una puerta hacia el cuerpo. Su poesía, que el jurado del Premio FIL, representado por la académica Carmen Alemany, reconoció por haber radicalizado la expresión del cuerpo, el deseo y el gozo femenino, nació de una necesidad de afirmación.
La autora recordó que comenzó a escribir sobre su propio cuerpo sin imaginar el escándalo que provocarían aquellos poemas en Nicaragua. Con el tiempo entendió que aquella escritura respondía a una necesidad colectiva “de las mujeres, de todas nosotras, de afirmarnos, de cantarnos, de ser felices y orgullosas de ser mujeres y no sentir esa discriminación ni esa culpa que nos han hecho desde el tiempo de Eva”.
Voz política
Belli habla del cuerpo desde el gozo, pero también desde la política. Celebrarlo fue una manera de disputar las ideas que durante siglos han intentado imponer sobre las mujeres.
“Tengo un sentido de mí misma y de mi ser mujer de mucho orgullo”, dijo la narradora, poeta
y columnista de distintos medios.
Para ella, ser mujer, ser madre, tener un cuerpo capaz de sentir la vida y la naturaleza forman parte de una experiencia que la literatura puede reivindicar.
Esa mirada sobre lo íntimo nunca estuvo separada de lo colectivo. Belli se define como “un animal político”, aunque entiende la política no solamente como militancia partidista, sino como resistencia y participación frente a aquello que ocurre en la sociedad.
“Siempre he sentido que el don de la palabra tiene una cierta responsabilidad social”, afirmó. Su feminismo, explicó, nació también de ese compromiso social y político. Las luchas de las mujeres que ha llevado a sus libros parten de la vida cotidiana y de los espacios privados, pero también de la conquista del espacio público.
Su escritura ha acompañado las grandes convulsiones de Nicaragua y la propia historia de una autora que alguna vez imaginó un país distinto. La autora se unió al Frente Sandinista de Liberación Nacional para derrocar la dictadura de Somoza, pero tras un giro autoritario decidió retirarse del movimiento que encabezó Daniel Ortega, ahora perpetuado en el poder por casi 20 años consecutivos.
La autora criticó públicamente las aspiraciones autoritarias de Ortega, lo ha definido reiteradamente como un dictador y ha hecho constantes señalamientos de abusos de poder, lo que provocó que desde hace dos años se le retirara la ciudadanía de su propio país y se viera obligada al exilio.
Aun así, Belli se resiste al pesimismo. Se reconoce como una persona optimista, aunque no desde un terreno ingenuo. En medio de la crisis política, el exilio y la migración, mantiene la convicción de que la literatura puede modificar la manera en que las personas miran el mundo.
“Creo que la literatura puede cambiarnos la manera de pensar, hacernos sentir esperanza, hacernos reflexionar”, señaló y añadió que es también la palabra la que puede provocar la imaginación y otros mundos posibles en un paisaje en el que la inteligencia artificial y la tecnología expanden sus dominios.
“El mundo necesita más que nunca de la palabra”, afirmó Belli, quien adelantó que ahora trabaja en una novela sobre Enheduanna, considerada la primera autora conocida de la historia, porque recuperar esa figura nacida en Mesopotamia, significa también recuperar una parte de la historia de las mujeres que ha permanecido fuera de los relatos dominantes.
En ese contexto, la autora integrante de la Real Academia Española, aseguró que todavía tiene mucho que decir. El Premio FIL, dotado con 150 mil dólares, lo recibe como un reconocimiento a su trayectoria, pero también a una tradición literaria nicaragüense que considera inseparable de las luchas por la libertad.
“Creo que este premio también reconoce eso, reconoce esa valentía y esa veracidad de la voz nicaragüense, la palabra de Nicaragua, ese deseo de estar, de ser, de nombrarse, que es y ha sido muy importante para tradición literaria”, concluyó.








