
LEER ES DIALOGAR*
René Sánchez
García
“Agradezco mucho que le hayan puesto a esta
Sala de Lectura mi nombre, porque, aunque no lo merezco,
ya es muy tarde para que se arrepientan, por lo menos el día de hoy.
Siempre que me preguntan
qué recomiendo (para leer), recomiendo que no pidan recomendaciones. Yo me
recomendé a mí mismo –con éxito escaso, pero con una cierta tenacidad- que el
día de hoy que no supiera hacer nada me pusiera a leer o menos he seguido un
camino.
Si uno lee, va creando
otra persona durante la lectura. Uno es la acumulación de las personas
distintas que se han sucedido a lo largo de la lectura. No es la misma persona
la que lee una novela policiaca que la que lee poesía o la que lee historia.
Son personas distintas dentro de uno y la suma de todas esas individualidades
poderosas o fugaces es lo que constituye una zona muy fuerte de la
personalidad. Estoy convencido de que no solo la lectura articula el lenguaje,
sino que le da fuerza a la manera en que uno concibe el mundo que también se
llama personalidad.
La vida de un escritor es
ardua, es dura, es triste y, pasado eso es, comparativamente hablando, bastante
cómoda. Me levanto temprano, leo los periódicos, hago lagartijas mentales.
Trabajo en la mañana, como, salgo a ver amigos y regreso y sigo leyendo y
trabajando. A una hora de la noche digo: ¡Ya basta!, y me pongo a ver
películas. No las que están de moda, me pongo a ver cine clásico. Creo que la
lectura de clásicos y la visión de los filmes clásicos es indispensable. Tiene
niveles de importancia similar a releer Pedro
Páramo y ver el Ciudadano Kane.
Siento que este tipo de
esfuerzos en verdad valen la pena. La lectura nos devuelve la razón, es un gran
proyecto de salud mental. Al leer un poema, por ejemplo, uno encuentra lo que
es la salud mental o el ritmo del idioma. Esto, en gran parte, se ha perdido.
Ahora el ritmo es mucho más inerte y difuso. Todavía en las películas antiguas
de Tin Tan o Cantinflas, uno puede ver lo que era el ritmo popular del idioma,
en televisión simplemente ya no es así.
Cuando uno lee ya no está
solo. Leer es dialogar y cuando se dialoga la soledad se declara abolida. En el
siglo XIX la lectura compartida se practicaba porque había mucho analfabetismo
y una persona llegaba y leía el periódico en el quiosco del pueblo; o el padre
de familia, a la hora de la cena, leía una novela o un libro de reflexiones que
hacía que los niños odiaran la lectura. Pero la lectura es un acto de soledad,
si no, no se dialoga verdaderamente”.
*Tomado
del libro Tiempo de leer, del
Programa Nacional Salas de Lectura, México, Conaculta, 2011, p. 23-24. Se reproduce
estas palabras en homenaje al aniversario luctuoso de último escritor público
en México y representante de nuestra cultura popular nacional: Carlos Monsiváis
Acevedo (1938-2010), con fecha 19 de junio pasado.