LOS BUÑUELOS

Por Rafael Rojas Colorado
El último sábado de enero el frío calaba los huesos, a pesar de estar en casa con las puertas y ventanas cerradas la baja temperatura no se ausentaba. Salir a la calle solo por urgente necesidad, de lo contrario no valía la pena. Alguien propuso hacer buñuelos para poner el cuerpo en movimiento. Nos pareció buena idea y manos a la obra, pensamos, será bueno despedir la tarde de esta manera. En lo personal siempre me agrada paladear ese bocadillo de masa cocida, pero nunca me pregunté cómo se elaboran, así es que me involucré despertando la curiosidad de aprender este proceso de la cocina.
Me fueron explicando algunos de los pasos principales y lo que se necesita para esta preparación que, aunque no complicada, si requiere de cierto trabajo, esmero, dedicación y amor a cocinar.
La receta es variada en algunos gustos, agregan o suprimen ciertos ingredientes, la que utilizamos está conformada por: un kilo de harina, media crema Nestlé, un huevo, dos cucharadas de anís, una taza de agua, porción de leche, pizca de sal y una cucharada de azúcar.
El proceso: se comenzó con mucho entusiasmo, primero hervir agua, anís, sal, azúcar y leche, aproximadamente tres minutos, que desahogue el sabor. Después cernimos la harina, para luego mezclarla con la crema y el huevo agregando té con anís colado. Se añadió un poco de aceite a la masa. Posteriormente se amasó hasta formar una masa homogénea. Se dejó reposar durante una hora. Posteriormente se separó la masa en bolitas de la misma y una a una se fueron aplanando con un rodillo de madera. Se dejó reposar durante diez minutos. Luego vino el proceso de estiramiento hasta darle forma circular a cada bola de la masa aplanada con el rodillo, dejándolas reposar por espacio de media hora. Acto después se fueron dorando en el sartén. Se escurrían y estaban aptos para degustar. Cada persona tiene su gusto, algunas espolvorean el buñuelo con azúcar y otras lo prefieren al natural.
Algo mucho más valiosos es que al estar trabajando en el proceso de los buñuelos, se socializa y se hacen mucho más familiar esos momentos. Sin duda alguna es lo que da más riqueza a la convivencia en familia, por unos instantes sentimos que el frío se ausentaba.
Esta vivencia me acercó mi niñez, cuando el barrio era mucho más sencillo y las casas tenían piso de tierra. En fechas invernales, se acordaba preparar buñuelos, se hacía una fogata en el suelo, allí todos nos sentábamos, mientras las amas de casa trabajaban. El molde para dar forma a la masa era la rodilla, esa fue la base y todos alejábamos el frío alrededor de esa fogata en pleno suelo de tierra, momentos que perduran en el corazón y que nos regalaron mucha felicidad.