LOS DILEMAS DE MORENA

Uriel Flores Aguayo
Morena vive, ineludiblemente, las pruebas y problemas del poder. De su ejercicio. Al ser mayoritario o hegemónico, tiene que enfrentar las dificultades de gobernar un país inmenso y profundamente complejo. El arribo al poder trae aparejados una serie de desafíos y fenómenos de la real política. Se tiende casi de forma natural al burocratismo y a cierto tipo de excesos. Es así aquí y en cualquier lugar del mundo.
Lo vimos con el PRI de forma concreta y prolongada; lo vimos con el PAN en los dos sexenios que dominó al país. No veo como Morena sea una excepción nada más porque sí. Lo que pueden hacer es aplicar ciertos controles y realizar correcciones permanentes. Los excesos señalados tienen que ver con conductas soberbias y la ostentación. No deben normalizarlas. Tienen que lidiar con el síndrome del nuevo rico, ese que, colocado de golpe en un puesto con alto salario o con acceso a recursos elevados, hace hasta lo imposible para que se le note en su reciente condición.
Es clave que no permitan la reproducción del vicio estructural de la lejanía de los políticos respecto de la gente. Es un problema de toda la vida en nuestro país, es una cultura política: la clase política en las alturas, con todo tipo de privilegios, y la ciudadanía afrontando su realidad de problemas. Mientras la sociedad vea escándalos e incongruencia, pensará que todos son iguales; así se va construyendo una idea en el imaginario popular.
Morena tiene que trascender lo declarativo y las buenas intenciones, para pasar a un nivel superior donde exista la disciplina, el proyecto colectivo y un manejo de ideas e ideales. A la sociedad actual no le bastan los llamados generales ni proclamas abstractas; ni visitas esporádicas de los liderazgos guindas.
La gente debe ver que son normales, que se preocupan de sus problemas y están a la mano. Es notable la ausencia de sus diputados en las colonias populares, casi nadie los conoce, al menos en mi ciudad. Resulta casi increíble que así sea teniendo todo de su parte. No basta, por supuesto, que entreguen periódicos de vez en cuando. Tienen que estar presentes y accesibles; llegar cuando hay inundaciones, cuando explota la inseguridad, convivir con la comunidad, gestionar soluciones en escuelas y hospitales, acompañar a la juventud en sus retos, intervenir en la grave problemática del transporte, hacerse notar sin frivolidad; no es mucho pedir, es lo básico para un representante popular.
Morena nacional es una, en cada estado y municipio es diferente. No gana por decreto ni tendencia nacional. En cada municipio, pensemos en Xalapa, tienen que resolver sus asuntos; las respuestas no vendrán de fuera. Lo tenga o no considerado, Morena debe integrar en sus códigos la reflexión, la autocrítica y el debate. Encerrarse es un error, su apertura puede ser incluyente y ampliar la base de sus simpatizantes. Está obligado a convencer, a subir de nivel argumentativo.
Todo partido supone cantidad y calidad, cuya mezcla da como resultado un nivel determinado de organización y liderazgo. En eso deberían destinar su tiempo, volverlo prioridad. Las elecciones constantes implican actualización y estar preparados organizativamente. No basta ser mayoría electoral, hay que legitimarse y ser persuasivos.
Sus gobiernos son fundamentales para dar ejemplo y suscitar apoyo social. Un buen gobierno será respaldado con votos. Al contrario, los escándalos del diputado del yate y la diputada de la camioneta, traen desprestigio, desaliento y deserción. Cada escándalo son puntos negativos y pérdida de votos.
Los protagonistas no se dan cuenta pues viven en una burbuja. Ahí se necesita la mano de los dirigentes para poner orden y advertir de las consecuencias de esos penosos comportamientos.
Escribo como observador únicamente, dejo este apunte en un ánimo constructivo. Ojalá sea leído por las figuras morenistas y lo tomen en positivo.
Recadito: ojo a las paradas del transporte urbano.