UNO MENOS
Salvador Farfán
Conocer las emociones y lograr reconocerlas con sus diversos efectos en nosotros mismos y en los demás es una habilidad indispensable para la vida cotidiana; si no contamos con ella podemos ser vulnerables o más susceptibles a equivocarnos en cuanto a nosotros mismos y los otros.
De forma cotidiana se experimentan emociones como ira, miedo, felicidad, amor, sorpresa, disgusto, tristeza, vergüenza, culpa, celos, apatía, etc.…, valiosos avisos que, bien reconocidos e interpretados, pueden guiarnos para favorecer nuestro crecimiento.
En ocasiones es difícil identificar que se experimenta una emoción, pues no se reconoce, solo nos percibimos diferentes pero no le damos un nombre a eso que sentimos. Al no reconocer la emoción, resulta complicado su manejo y se puede expresar en conductas poco adaptables que incluso llegan a afectar el bienestar físico, emocional y social.
A pesar de dar atención a nuestras emociones, por el ritmo de la vida moderna difícilmente se reflexiona sobre lo que sentimos. Se requiere de tiempo para la introspección, esto quiere decir ver dentro de uno mismo e identificar lo que nos sucede.
Además de reconocer nuestras emociones es fundamental aprender a manejarlas y a no ocultarlas, puesto que tratar de reprimir los sentimientos sólo con la fuerza de voluntad no resulta de mucha ayuda y puede ser contraproducente.
Cuando manejamos las emociones logramos una conexión más clara con aquello que las origina, así identificamos nuestras fortalezas y habilidades, lo que permite hacer frente a los retos y a las dificultades de la vida,
FUENTE: Guía para educar con valores. CIJ








