
Cuarto
de Guerra
MORENA: DE LA PROTESTA AL PORVENIR
Por: Alejandro García
Rueda
No estamos ante una
simple alternancia partidista ni ante el reciclaje de élites en el poder:
estamos frente a un nuevo proyecto civilizatorio que ha logrado, en menos de
una década, lo que muchos regímenes no pudieron en generaciones. Los gobiernos
de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum Pardo no sólo han reducido
la pobreza de manera histórica —como lo reconocen incluso organismos
internacionales—, sino que han empezado a redibujar el mapa político con una
visión profundamente humanista.
No es el “Calderonato”
con su guerra sin paz, ni el “peñismo” de las reformas sin pueblo, ni la
administración de los amigos de Fox. Es un esfuerzo sistémico que se organiza
desde abajo, dialoga con todos los sectores y sostiene su fuerza en la
movilización permanente.
La Cuarta
Transformación se construye, se deconstruye, se defiende y va en pos de profundizar
respecto a lo que no solo es justo, sino necesario. Cada estado gobernado por
Morena tiene sus matices y sus retos. Hay municipios mejor evaluados que otros,
pero incluso en los más rezagados algo se ha hecho bien.
Ese “algo” no es menor:
significa que hay una base de trabajo honesto, una voluntad distinta, una
siembra que, tarde o temprano, dará frutos. En un país tan desigual, eso ya es
una forma de justicia. Y si es cierto que los nuevos liderazgos políticos
emergerán del ámbito municipal, entonces el reto es claro: elevar el nivel de
formación, fortalecer la estructura, blindarse contra el oportunismo y
acompañar la transformación desde lo local.
En ese sentido, es muy
positivo que durante la VIII Sesión Extraordinaria del Consejo Nacional de
Morena se hayan aprobado cuatro decisiones estratégicas que marcan un antes y
un después en la consolidación del partido-movimiento:
1. El
Plan Organizativo de Comités Seccionales, que permitirá tener
presencia territorial efectiva en cada rincón del país, más allá de coyunturas
electorales.
2. La
creación de una Comisión Evaluadora de Incorporaciones,
necesaria para filtrar a quienes buscan colarse al proyecto sin convicciones,
sólo por ambición.
3. El
Plan Municipalista, una apuesta clara por dar relevancia a los gobiernos
locales como semilla de una transformación real y palpable.
4. La
instalación del Consejo Consultivo Nacional, un espacio
para articular pensamiento crítico, experiencia técnica y mirada estratégica de
largo aliento.
Estos mecanismos no son
un capricho burocrático: son una respuesta concreta al riesgo de desnaturalizar
el movimiento. Morena no puede permitirse ser invadido por personajes
impresentables, ni usar la política como plataforma de lucro individual. La
renovación moral pasa también por depurar, formar y evaluar. Por eso adquiere
enorme relevancia el trabajo del Instituto Nacional de Formación Política de
Morena, una instancia que ha logrado tejer una red de educación militante con
sentido ideológico, ofreciendo talleres, círculos de estudio y diplomados tanto
virtuales como presenciales, donde se discute desde Marx hasta Bolívar, desde
el zapatismo hasta el obradorismo contemporáneo.
En redes sociales puede
verse la evidencia: jóvenes, mujeres, trabajadores, campesinos, profesionales y
líderes comunitarios tomando cursos, leyendo, debatiendo, formándose.
Pero de poco sirve si
cada participante no entiende que su paso por ahí no es para obtener una
credencial o quedarse en subir una foto, sino para comprometerse con un camino
político que exige claridad ideológica, disciplina organizativa y congruencia
ética.
La fuerza de Morena
como movimiento no sólo está en las urnas ni en los números. Está en su
capacidad para articular demandas legítimas de una sociedad desigual, y también
—y, sobre todo— en su vocación formativa, en la pedagogía política que
despierta conciencias. Porque el verdadero poder se construye con el pueblo.
Morena lo ha entendido, y por eso ha dejado de ser sólo un vehículo electoral.
Hoy es una causa histórica con futuro, brújula y raíz.
Y eso, cuando la
voluntad popular lo abraza, es imparable.
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