Nahle, Veracruz 2024

Nahle, Veracruz 2024
Por
Edgar Hernández
¡Adelantos e imprudencias
del Peje!
Tampoco hay que ser tan
avezado para intuir que entre Claudia Sheimbaum y Marcelo Ebrard está la
decisión rumbo a la sucesión presidencial, ni que Rocío Nahle, quedó colocada
en línea para alcanzar la gubernatura de Veracruz, en el 2024.
Imposible superar a los
cinco destapados por López Obrador ayer en los próximos 30 meses, antes de que
se expida la Convocatoria partidista para contender por la Presidencia de la
República.
Estar, sin embargo, incluida
en una terna presidencial le da a la zacatecana, actual Secretaria de Energía,
derecho a un boleto menor de juego.
Aquí el problema son las
circunstancias –así es la política- que habrán de rodear al 2024 en donde no habrá
Peje, ni la 4T se presentará el bloque, habrá nueva baraja de aspirantes
opositores que irán con todo y que para esa víspera será un hecho el
decantamiento y división de Morena,
factores claves para los definir los nuevos rumbos de la sucesión gubernamental.
Hoy, por lo pronto, así está
el tablero.
Dante Delgado anda con un
fuerte apetito presidencial, Ricardo Monreal no está conforme al ser excluido y
luchará por el piso parejo, Ricardo
Anaya la quiere de nuevo a pesar de que el dirigente nacional panista Marco
Cortés, ayer destapó a Mauricio Vila, también para la presidencial y hay quien
sueña, como Manlio Fabio Beltrones en alcanzar la silla del águila en el 2024
bajo las siglas del PRI.
Toda una feria en la cual, a
nivel estatal, no se descartan Ricardo Ahued, el mejor posicionado de morena,
Pepe Yunes, el único diputado federal con merecimientos del PRI y Paty Lobeira,
que no su esposo, el hijo de Yunes Linares, para alcanzar la gubernatura a la
vuelta de tres años.
¿Rocío en punta?

Tal vez si, tal vez no.
Rocío Nahle está muy cerca del corazón presidencial, pero muy lejos del
veracruzano por ser zacatecana. Carga con un ominoso pasado de corruptelas sindicales
en PEMEX al lado de su esposo y será muy, pero muy complicado que saque
adelante el proyecto de Dos Bocas debido a que prometió al presidente algo que
técnicamente será imposible de cumplir.
Rocío Nahle está en el ánimo
ahorita tras colgarse el triunfo veracruzano del carro completo en Veracruz el
pasado 6 de junio apartando de manera por demás abusiva el trabajo de los
reales operadores de Morena –Manuel Huerta y Eric Cisneros-.
Manipuló a su antojo al
manipulable Cuitláhuac García y corrompió a las autoridades electorales y a
partidos políticos, pero en política no hay triunfos perenes. Mañana, con
nuevos compromisos electorales encima nuevas cosas y decisiones suceden.
La propia Nahle muy
seguramente se despertó está mañana no sintiéndose gobernadora de Veracruz, eso
ya lo tenía desde endenantes. No, amaneció imaginándose como la huésped de
Palacio Nacional 2024-2030.
Los tiempos y habrá que insistir
las circunstancias, sin embargo, cambian.
Morena está en el clímax del
poder que no es lo mismo que del ánimo ciudadano aun mareado y sin entender
cómo fue que se gestó de manera tan precisa la elección de estado, el robo
electoral, el triunfo sin que nadie, absolutamente nadie de los morenos,
hicieran campaña.
En Veracruz, al igual que en
todo el país, el 2024 está a la vuelta de la esquina y el que López Obrador
haya adelantado el proceso sucesorio no quiere decir que victoria cantada es
victoria legítima.
Vamos a ver primero que
dicen los cárteles delincuenciales, luego los aspiracionistas y más tarde, a
nivel local, ver si los veracruzanos estamos dispuestos a corregir la
Constitución para que Rocío Nahle sea la gobernadora que suceda al fracasado
Cuitláhuac.
Todo es cuestión de tiempo.
Tiempo al tiempo.
*Premio
Nacional de Periodismo