OPLES: LA ÚLTIMA FRONTERA DEL FEDERALISMO ELECTORAL
El Regional Coatepec 6 de septiembre de 2025
OPLES: LA ÚLTIMA FRONTERA DEL FEDERALISMO ELECTORAL
“¿Para qué queremos tantos institutos locales,
si ya hay casillas únicas, ya la fiscalización se hace de manera
centralizada?”. La pregunta la lanzó Claudia Sheinbaum el pasado 11 de agosto,
en el marco de su propuesta de reforma electoral. Una frase aparentemente
inocente, pero que encierra la intención política más profunda de la 4T:
desaparecer los Organismos Públicos Locales Electorales (OPLES) y centralizar
el control de las elecciones en el INE, un instituto que, como todos sabemos,
ya no es el contrapeso incómodo que solía ser.
El
planteamiento merece tomarse en serio, porque lo que está en juego no es un
tecnicismo burocrático, sino el equilibrio mismo del sistema federal mexicano.
No
es casualidad que los OPLES se encuentren hoy debilitados. El gobierno federal
y varios estados afines a Morena han asfixiado a estos organismos con recortes
presupuestales sistemáticos, reduciéndolos a la inoperancia. Una estrategia muy
propia de la 4T: quitarles los recursos para después presentarlos como
ineficientes. Y sobre esas ruinas, justificar su desaparición.
El
discurso oficial suena pragmático: simplificar, ahorrar, eliminar redundancias.
Pero en el fondo late un objetivo político inconfundible: el control total del
proceso electoral.
Guadalupe
Taddei, presidenta del INE, fue cuestionada sobre la desaparición de los OPLES
y respondió con cautela: “el dilema está en descifrar si es correcto” y si “es
posible que se sumen a las funciones del instituto”. Agregó que “es temprano”
para opinar.
Pancho
López, el filósofo ateniense xalapeño nos comentó “Pero todos sabemos que en la
4T no hay debate ni deliberación: las reformas presidenciales no se negocian ni
se modifican, se aprueban tal cual. cuando la decisión política ya está
tomada.
Dos
especialistas ofrecen posturas encontradas que ayudan a dimensionar el
problema.
José
Luis Palacios Blanco señala que los OPLES encarecen las elecciones y generan
confusión ciudadana al duplicar funciones. Reconoce que varios gobernadores han
preferido tener organismos electorales “cercanos”, una práctica que abrió
espacios a la manipulación local. Pero advierte algo crucial: si las funciones
de los OPLES pasan al INE, éste quedará bajo control del régimen. Dicho de otro
modo: se elimina el riesgo de manipulación local, para dar paso al control
central absoluto.
Del
otro lado, Tonatiúh Medina recuerda que los OPLES tienen defectos —corrupción,
rezagos institucionales y el golpe constitucional de 2014 que les restó
facultades frente al INE—, pero advierte que su desaparición sería letal: “La
democracia local no es un lujo; es la raíz que sostiene la nación. Cortarla es
invitar al colapso”.
La
metáfora es potente: sin órganos electorales locales, México se convertiría en
un país donde las reglas se dictan desde un centro distante, incapaz de
percibir la diversidad política, social y cultural de cada estado.
La
Constitución mexicana reconoce a los estados como entidades libres y soberanas
en todo lo que no esté reservado a la Federación. Esa es la base del
federalismo. Los OPLES, creados en 2014 como sustitutos de los antiguos
institutos estatales electorales, materializan ese principio: garantizan que
las elecciones locales se organicen desde lo local, con reglas propias y con
contrapesos inmediatos.
Eliminar
a los OPLES no abarataría los costos —como asegura Sheinbaum— porque alguien
tendría que asumir su trabajo, y ese sería el INE. Para organizar elecciones
locales en 32 estados, el instituto tendría que contratar más personal y
ampliar su presupuesto. Es decir, se ahorran organismos, pero no dinero.
Lo
que sí se pierde es la esencia del federalismo electoral. Y, con ella, la
posibilidad de que los ciudadanos de cada entidad tengan un árbitro cercano y
específico para sus procesos políticos.
La
experiencia reciente en Veracruz lo demuestra: en las elecciones de junio
pasado, los resultados locales tardaron tres semanas en definirse, generando
incertidumbre social. Si el INE absorbe todos los procesos locales, sin
infraestructura suficiente y con un gobierno decidido a controlarlo, la incertidumbre
no será la excepción, sino la regla.
Lo
que pretende la 4T es simple: controlar las elecciones desde la Ciudad de
México, borrar identidades locales, reducir a los estados opositores a
espectadores. Al más puro estilo del viejo régimen priísta, que nunca soltó las
riendas de los comicios.
La
desaparición de los OPLES no es un debate técnico ni financiero. Es una batalla
por el alma del federalismo mexicano.
Si
prospera la iniciativa, los estados perderán su autonomía electoral y, con
ella, un pedazo esencial de su soberanía. Los ciudadanos quedarán sujetos a un
árbitro único, con menos cercanía, menos pluralidad y más control central.
Sí,
los OPLES son perfectibles. Sí, requieren transparencia, profesionalismo y
rendición de cuentas. Pero desaparecerlos equivale a tirar el corazón de la
democracia local para entregarlo a un centro cada vez más hegemónico.
Los
estados opositores deben resistir. Defender a los OPLES no es defender
burocracias, es defender el federalismo, la pluralidad y la posibilidad misma
de alternancia. Porque una vez que el control electoral quede en manos de un
solo poder, el camino a un régimen de partido único será inevitable.
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