PÁGINAS BLANCAS
PÁGINAS BLANCAS
René Sánchez García
Desde
niño, me causa siempre mucho placer observar o tener entre mis manos, cualquier
tipo de cuaderno, libreta, agenda y demás instrumentos parecidos para la
escritura a mano. No es la pasta dura o blanda, tampoco si es en forma francesa
o italiana, mucho menos si viene con grapas, cocido o con espiral de plástico o
metal. Tampoco es el olor a nuevo, siento más bien, que es otra cosa distinta
que viene desde mis profundidades de mi ser. Pienso que es como un tipo de
inspiración por usarlos e insertar dentro de sus páginas, las cosas íntimas de
mi mente o de mi corazón.
No lo sé bien, pero algo
tienen de encanto los cuadernos y las libretas nuevas. Nada tienen que ver las
veinte, cincuenta o cien páginas que tienen, mucho menos si son rayadas, a
cuadros, doble raya o totalmente vírgenes o en limpio. Todas en sus formas
francesa o italiana te invitan para que, con un lápiz, color, plumón, bolígrafo
o pluma fuente, inicies dentro de ellas la aventura fascinante de insertar
letras, números, dibujos o cualquier otra grafía con sentido. Y eso insertado
allí por la tinta quedarse por siempre, ya sea como una idea, pensamiento,
simple o complejo. Es una especie de archivo que guarda la memoria de mis
instantes de vida.
Ese color azul tenue que
tienen las rayas y los cuadros de los cuadernos, así como el blanco que también
es color, invitan a la creatividad y a la reflexión. Las líneas largas para
ideas que requieren explicaciones lógicas bastante detalladas, que parecen no
tener fin. Los cuadros, ya sean chicos o grandes para colocar números, pero
también vocales o consonantes, mismas que sirven para ideas menores o rápidas.
El de doble rayas como para cosas chicas o grandes a la vez. Finalmente, las
blancas para la plena libertad de las artes. Eso son solo mis ideas simples,
pues las páginas de los cuadernos pueden tener infinidad de usos, muchos
inimaginables.
En los años iniciales del
siglo pasado parece que no existían los cuadernos y los lápices (probablemente
solo en las ciudades importantes sí), pues los bisabuelos afirman que en la
escuela se utilizaban lo que se llamaba pizarra y pizarrín. Esto es, una tabla
de madera donde escribían y al terminar venia el pizarrín, especie de esponja
húmeda para borrar contenidos. Hoy con la modernidad los cuadernos se
encuentran cada día en extinción, pues las computadoras e impresoras, así como
los teléfonos móviles los vienen supliendo aceleradamente.
Lo mismo pasa con los libros
impresos. Cada vez se editan menos ejemplares y cada vez menos personan leen,
pues todo o gran parte del conocimiento se encuentra ya en los espacios
informáticos digitalizados que gracias a la internet accedemos. Así como el
libro se defiende a no desaparecer, así los cuadernos y las libretas igual hacen
lo suyo. Cierro este espacio con unas palabras de Juan José Millán: “He abierto el cuaderno un par de veces,
pero no me atrevo a comenzarlo. Es demasiado bueno y temo no estar a la altura.
Me ocurre lo mismo con todos los cuadernos que compro”. Rindamos homenaje a
este instrumento (de las hojas o páginas blancas) de la escritura manual de los
seres humanos pensantes.
Sagare32@outlook.com