Ciudad de México 24 septiembre 2026.- Un año después de estrenar el Huapango con la Sinfónica de México, fundada por Carlos Chávez, José Pablo Moncayo (1912-1958) viajó en 1942 al Berkshire Music Center de Tanglewood, Massachusetts, para un curso de verano de composición con Aaron Copland.
Fue en ese contexto donde escribió Llano alegre (1942), pero el compositor no logró escucharla tal como la concibió. Tampoco Copland quedó satisfecho con la ejecución, por lo que escribió a Chávez pidiéndole programarla con la orquesta, pero nunca lo hizo.
Más de ocho décadas después, la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) vuelve al manuscrito autógrafo, facilitado por la familia Moncayo, para ofrecer una versión revisada y más cercana a la idea original del compositor.
El propósito era generar los materiales de orquesta, cuyos originales no han sido localizado por los herederos.
El director Ludwig Carrasco encontró discrepancias al cotejar el documento con las dos ediciones existentes, aquella publicada por el musicólogo Álvaro G. Díaz Rodríguez en la revista Heterofonía y la incluida en la Edición Conmemorativa por el centenario, ambas de 2012.
Debió de realizar un trabajo de musicología al comparar compás por compás y nota por nota, el manuscrito original contra las ediciones impresas para elaborar una lista de erratas y omisiones.
“La única grabación disponible que hay (con la Orquesta Sinfónica del Estado de México y Enrique Bátiz) se hizo con la edición del centenario, pero contiene muchos errores e incluso hay unos compases, entre 10 y 12, que no existen en la partitura de Moncayo”, plantea el violinista.
Esa grabación, agrega, normalizaba los errores y compases inexistentes de dicha publicación hecha por el extinto Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta).
Carrasco también detectó discrepancias en la edición preparada por Díaz Rodríguez a partir del manuscrito original y las partichelas, también autógrafas, para los violines primeros.
“Cuando menciono que hay errores u omisiones no es una crítica porque hacer una edición es muy complicado”, dice al reconocer ambos esfuerzos editoriales. “Es un proceso muy difícil que lleva muchísimo trabajo y siempre es más fácil llegar a añadir a un trabajo que ya está hecho que empezar de cero”.
En lugar de producir un juego nuevo de partichelas, desde cero, lo cual habría implicado un trabajo más complejo, Carrasco se decidió por utilizar aquellas impresas en la edición del centenario y sobre ellas, hacer las correcciones necesarias a mano.
Al igual que ocurre con la escritura, descifrar el manuscrito de Moncayo presentó dificultades para determinar con exactitud ciertas notas o intenciones del autor. Por ejemplo, discernir si una nota era un Mi o un Re.
“Había notas que era necesario corregir, algunas dinámicas, acentos, también agrupaciones rítmicas”, detalla el director de la OSN.
Carrasco advierte que los programas de edición musical en ocasiones alteran estas agrupaciones de forma automática y caprichosa, que pueden pasar inadvertidas sin un “tercer filtro de revisión”.
El trabajo de corrección no terminó en el escritorio. Durante los ensayos con la orquesta y las sesiones con los estudiantes del Primer Curso Nacional de Dirección Orquestal, impartido por Carrasco con la OSN, los propios músicos detectaron detalles adicionales pasados por alto en la primera revisión.
Lo que obligó, añade, a contrastar nuevamente con el manuscrito original para verificar y corregir la partitura.
“(Llano alegre) era una de las obras obligatorias para estudio de los jóvenes directores”, expone. “Queríamos que también las nuevas generaciones vayan conociendo este repertorio y cuando lleguen a un podio como titulares o invitados puedan llevar esta pequeña pieza dentro de sus propuestas”.
Se trata de una obra de cinco a seis minutos de duración, escrita para una orquesta pequeña que, en opinión de Carrasco, “se sale de la ruta conocida” de Moncayo.
Representa una vertiente de exploración de su lenguaje, que no es el muy mexicanizado del Huapango (1941) o la Sinfonietta (1945) sino más cercano a Copland en el “tratamiento de las texturas y dotación instrumental”.
“Me recuerda un poco a la Primavera en los Apalaches (1944) de Copland, aunque me parece que esta obra es posterior, pero también tiene ese influjo entre ligereza, danza y complejidad rítmica”, opina.
Carrasco espera que esta versión sea discutida y revisada por sus colegas. Está abierto a las observaciones que pudiera hacer Díaz Rodríguez, quien dirigió su propia versión de Llano alegre en septiembre de 2011 con la Orquesta de Cámara de Ensenada.
“Esto es un proceso inagotable y pasa con todos los compositores. Ha pasado con Mozart, Beethoven, Shostakovich, Bach”, ataja. “Lo ideal es que se sigan sumando ojos, cerebros y personalidades y ojalá en un futuro exista una versión ultradefinitiva que los herederos puedan editar, sin ninguna duda”.
Por lo pronto, la edición preparada por Carrasco se tocará en el programa inaugural de la segunda temporada de la Sinfónica Nacional en el Palacio de Bellas Artes.
Toma nota
Qué: programa inaugural, segunda temporada de la OSN
Quién: bajo la dirección de Ludwig Carrasco
Cuándo: viernes 25, 20:00 horas; domingo 27, 12:15 horas.
Dónde: Sala Principal del Palacio de Bellas Artes (Juárez 1, Centro)
Programa: Llano alegre, de José Pablo Moncayo; Noches en los jardines de España, de Manuel de Falla, con la pianista española Judith Jáuregui como solista invitada; Sinfonía fantástica, de Hector Berlioz.








