RECUPERAN A REBELDES DE LA LITERATURA EN MÉXICO

Agencia Reforma
Ciudad de México 14 abril 2026.- Eran apenas unas jóvenes veinteañeras, cuando Rita Cetina, Gertrudis Tenorio y Cristina Farfán se animaron a fundar La Siempreviva (1870-1872), la primera revista literaria elaborada de manera íntegra por mujeres en México.
Una publicación pionera, editada y escrita por ellas en Mérida, en una época en que se pedía que las mujeres estuvieran en el hogar, en el espacio privado.
“Es un acto de profunda rebeldía, de novedad en el momento”, dice la académica Leticia Romero Chumacero.
“Pero hay que decir siempre que lo hacen en la Mérida del siglo 19, en donde había una cierta mirada que por lo menos en algunos sectores era favorable a que las mujeres estuvieran llevando a cabo una actividad así de extraña”.
En la primera plana del número inaugural de la revista trazaron su objetivo: “(Trabajar para que) la mujer salga completamente de la esclavitud de la ignorancia y entre con paso lento, pero firme, en el sacrosanto templo de la verdad y de la ciencia”.
De modo que se agruparon en la Sociedad La Siempreviva y editaron la revista que operó como su órgano oficial y echaron a andar una Escuela de Bellas Artes para niñas donde impartieron clases gratuitas de literatura, música, declamación y dibujo como un “deseo de que el saber se generalice”.
Invitaron a otras mujeres a sumarse, al tiempo de reconocer carencias formativas que afectaban especialmente a las mujeres, expone la investigadora en Rita Cetina, Gertrudis Tenorio y Cristina Farfán: Dos poemarios inéditos y una corona fúnebre (Mérida, siglo XIX), editado por la UACM.
“¿Y qué necesitamos? Que ustedes queridas hermanas nuestras, a quienes dedicamos preferentemente nuestras tareas, nos concedan protección, porque en la unión está la fuerza”, declaran en su texto programático.
“Eran feministas, sin lugar a dudas, porque no solo notaban esta circunstancia inequitativa entre los sexos, no estaban de acuerdo con que ocurriera, sino que además hicieron todo lo que estaba en sus manos para modificarlo”, argumenta en entrevista.
Aunque el concepto feminismo no circulaba en México en ese momento, sí había uno similar en el siglo 19: la emancipación de la mujer.
Las tres yucatecas fueron integrantes de una “vigorosa y selecta constelación de mujeres intelectuales” en el País, entre las décadas de 1860 y 1910. Durante el último cuarto del siglo 19, surgieron las primeras escritoras profesionales del México independiente y ellas formaron parte de esa generación pionera.
Gertrudis Tenorio nació en 1843 mientras que Rita Cetina y Cristina Farfán en 1846. Comenzaron a publicar en 1860.
Romero Chumacero rescata en el libro poemas inéditos de una libreta manuscrita, fechada en 1892, que incluye dos secciones, el poemario Ensayos poéticos de Rita Cetina, y el poemario Rimas de Gertrudis Tenorio.
La corona fúnebre es un folleto de 1880 elaborado tras la muerte de Cristina Farfán, “de parto” y no se reimprimió después de esa fecha.
La relevancia de ambos documentos radica en su valor estético como en el histórico, puntualiza la investigadora adscrita al Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII).
Según Romero Chumacero, permite observar la evolución creativa de la poesía de las autoras como se evidencia en el poema Babilonia de Cetina que pasa de un sesgo religioso en la juventud a una mirada laica cuando están en sus 40.
Mientras que La corona ilustra las costumbres funerarias de la clase culta mexicana del siglo 19 y revela cómo eran percibidas las escritoras después de su fallecimiento.
Muestra la diferencia en la valoración de Cristina Farfán entre sus colegas mujeres Rita Cetina, Gertrudis Tenorio y Dolores Correa, quienes la lloran como una amiga y escritora desaparecida mientras que los hombres que colaboraron se enfocaron más bien en la pérdida del viudo, también escritor.
La investigación de Romero Chumacero demuestra que Rita Cetina y Gertrudis Tenorio continuaron escribiendo y revisando su obra creativa en su etapa de madurez, contrario a la idea histórica de que su producción literaria se limitó a su juventud.
En el caso de Rita Cetina pone de manifiesto que, además de su reconocida labor como profesora y editora, fue una prolífica escritora de poemas, ensayos, la novela corta Julia, una de las primeras novelas escritas por mujeres en México y publicada en La Siempreviva, y teatro.
A pesar de que junto con las tres yucatecas fueron muy activas otras mujeres en las letras en el siglo 19 al editar revistas, traducir, escribir poesía, teatro y zarzuela, y presentaron sus obras en público e hicieron libros, en parte por el prejuicio en torno a la presencia de las mujeres en el espacio público y en parte porque la estética romántica, propia del siglo 19, con el cambio de siglo, dejan de interesar a los nuevos críticos literarios.
Al visibilizar a estas escritoras, Romero Chumacero contribuye a llenar el vacío histórico entre figuras como Sor Juana Inés de la Cruz y Rosario Castellanos, al enriquecer la comprensión de la genealogía literaria femenina en México.