Por: Rafael Rojas Colorado

Esta historia comienza a finales de la década de los años cuarenta, el niño Antonio López García recibe el estímulo del beisbol a través de su madre, señora Cristina García Jácome, pues el abuelo de Toño, Juan García Guzmán, jugaba beisbol en los campos llaneros por los años 1947 y para su hija que mejor que el nieto heredara el gusto por el rey de los deportes, claro está que lo consiguió, el futuro lo confirmaría.
Antonio ingresó a la escuela general Juan de la luz Enríquez, cursaba el segundo año de educación primaria y jugaba en el recreo este deporte. El profesor Julio García Vega, de inmediato visualizó en el chamaco grandes facultades para el beisbol y lo invitó a jugar en el equipo de la escuela que estaba conformado por alumnos de quinto y sexto grado. Su desempeño fue muy bueno dejando profunda huella en esos años infantiles.
Posteriormente ingresó al equipo de ACJM (Asociación Católica de la Juventud de México. El equipo estaba bajo la responsabilidad de los señores Juan Cuevas y Antonio Díaz Sanabria, El manager fue Isaac Méndez. Aún no existía liga y se enfrentaban al equipo de la iglesia Santiaguillo de la ciudad de Xalapa, siempre les ganaron a los xalapeños todos los encuentros, pues los coatepecanos, estaban bien coordinados como equipo humano.
En un juego de quinta fuerza le ganaron al equipo campeón de San Marcos de León, este fuerte equipo solo perdió frente a los muchachos de ACJM, gracias al pitcheo del jovencito Antonio López García y el Cátcher o receptor, X, alias el caballito. Posteriormente paso a formar parte de la novena del equipo Cuauhtémoc, el cual dirigía el Tigre César Guzmán Ruíz, contaba con muchas estrellas locales.
A principios de los años sesenta salió en el periódico La Afición una convocatoria para ir a México a probarse aspirando a ser parte de dos equipos que estaban formando en ligas mayores, los Tigres y Los Diablos Rojos de México. El anuncio lo leyó Carlos panes, contaba con 22 años de edad, se los comunicó a Rodolfo Domínguez de 18 años y a Toño López quien tenía 19 años de edad; pidieron apoyo económico a varias personas, poco lograron, sin embargo, las ilusiones les abrieron las alas para irse a México detrás de sus sueños deportivos, tenían que hacerlo, no hay duda, la vida los llamaba y se debería obedecer. En la capital buscaron al tío de Rodolfo Domínguez, los hospedó en su casa un par de días; luego se reportaron en el Parque del Seguro Social, ubicado en la calle Obrero Mundial y Cuauhtémoc, emocionados e ilusionados, se identificaron con Guillermo Garibay, Molinero Montes de Oca y con el cubano Óscar Martínez, estrategas del beisbol.
Antes de las prácticas, les proporcionaron un número a cada uno de los reclutados, y les informaron que al término de cada entrenamiento, fueran a un pizarrón negro y verificaran, si en la superficie estaba anotado su número, ya no preguntaran nada, estaban dados de baja, solo deberían recoger sus cosas y regresar a sus lugares de origen. Antonio López García le dieron el número 367. A los dos días de prácticas apareció el número de Rodolfo Domínguez, naturalmente, la decepción y la tristeza se hizo presente, al día siguiente aparece el número de Carlos Panes, ni modo, las cosas no son fáciles. Carlos pensó que Toño López sería el siguiente y se atrevió a preguntar que, si Toño era el siguiente eliminado, lo esperaba para regresar juntos a Coatepec. Hablaron con Óscar Martínez quien llevaba la estadística de los pitcher; justo en ese instante llegó el gerente de Tigres, señor Antonio Ramírez Muro y con energía le expresó al responsable, te estás tardando para enviar a este muchacho a hospedarse con los seleccionados, al 367 le brinca la bola, ya mándalo con los demás. Fue así como el joven Antonio López lo llevaron a la calle Yácatas, allí se erguía un edificio donde estaban concentrados los nuevos prospectos del beisbol nacional. Entrenaban durante la semana y al terminar, semanalmente, les pagaban veinticinco pesos para que fueran al divertirse.
Cuando comenzó la liga metropolitana los llamaron al centro del campo para definir quienes jugarían en el equipo Tigres y quienes en el Diablos Rojos del México. Memo Garibay y Molineros Montes de Oca, vuelan una moneda para escoger el recurso humano, entre unos 14 o 15 muchachos escoge a Antonio López García para formar parte del equipo Diablos Rojos de México. El sueño ya era una realidad. Después de una temporada, finalizó la aventura y Antonio López, regresa a su tierra natal, claro está, con mucha energía, motivación y más experiencia. La época de su participación con Los Tuzos de Guanajuato, ya fue publicada por esta pluma.
En el año 2003 jugó un torneo con el INAPAM, Antonio López fue el Pitcher y quedaron campeones nacionales, le ganaron a Lobonato Sinaloa seis carreras a cinco. En el Seminario Mayor tuvo un magnífico desempeño bajo la tutela del sacerdote Anselmo Rivera. También fue instructor de la Universidad Anáhuac, dos periodos a la orden del padre Remo.
Posdata. En la tercera fuerza de la liga xalapeña quedó campeón Pitcher con la Sección tres Nestlé y con Sabuesos del licenciado Vicente López Estrada. En la categoría de cuarenta años lanzó juego sin Hit ni carrera. Quedó campeón Pitcher con el equipo Foto México del licenciado Rolando Rivera; dicho campeonato fue dedicado al Baloche Rivera.
Esta breve reseña, es una página más, del itinerario deportiva de Antonio López García, donde, como una caja de Pandora, conserva sus más cálidos recuerdos cuando la luz de la adolescencia le iluminaba un camino prometedor que se atrevió a desafiar en busca de sus proyectos de vida. Hoy, a sus 85 años de edad, con la mirada fija en la nada, parece recorrer su inolvidable pasado, ejemplo para que las nuevas generaciones conozcan la vida de valiosas personas que nacieron en un nostálgico pueblo que la modernidad ha cambiado, menos sus historias. Texto de Rafael Rojas Colorado. Premio Estatal de periodismo. rafaelrojascolorado@yahoo.com.mx








