SEMBLANZA DE RAFAEL ARREDONDO COLORADO -TOLA-

Por Rafael Rojas Colorado.
Hoy nos reúne en este lugar el cumpleaños de Rafael Arredondo Colorado. Está cumpliendo 90 años de edad y comparte con nosotros la felicidad y las emociones que experimenta en el alma.
Hace unos días meditaba que si en Coatepec alguien lo nombra, es muy probable que solo la familia, algunos vecinos, tal vez amigos cercanos sabrán de quien se trata; pero si alguien enuncia, “el tola”, todo el pueblo sabe de quien se está hablando, aquellos que compartieron la juventud, los que conocieron sus hazañas deportivas y sus horas de trabajo, en sí su fuerte personalidad incluso aquellos que físicamente no tuvieron contacto con él, pero a sus oídos ha llega alguna anécdota, vivencia u otro tipo de experiencia; pues tola es un epíteto que expresa sus cualidades físicas y virtudes espirituales.
En las personas de mayor edad es posible que evoquen aquella sirena que obligaba a la gente a dejar lo que se estaba haciendo para correr, apresuradamente, a la calle donde pasarían los pelotones de ciclistas. Allí se escuchaban las porras, los gritos y aplausos para tola, nunca faltó quien le arrojara agua con una cubeta para refrescarlo, era la costumbre de esos tiempos.

En esos años en los que el café fue generoso nacieron los talleres para fabricación de maquinaria para el fruto cereza, tola comenzó el aprendizaje de ese oficio, pero muy pronto las circunstancias le tendieron otro camino laboral, la Compañía Nestlé. Un sindicato fue la puerta para llegar a esa factoría que estaba comenzando su producción en 1956, y gracias a la capacidad que Rafael Arredondo posee pronto fue escalando peldaños hasta ocupar el nivel más alto que un trabajador sindicalizado puede lograr, ser el representante a nivel nacional de su sindicato. A pesar de carecer de una formación académica, el sentido común, la inteligencia, el valor, la voluntad, la fortaleza, entre otras virtudes, le permitieron desafiar lo que parecía imposible logrando representar a México en materia de alimentos en el país de Argentina. Esto sucedió a finales de los años setenta. En el ámbito laboral forjó nuevas experiencias en la Secretaría de Educación Pública hasta conseguir su jubilación.
El deporte ha sido su pasión y la práctica del mismo la hizo por muchos años con amigos y con quien deseara pegar un puntapié a un balón. Improvisó una pequeña área en el potrero del puente nuevo. Los años pasan y aún se puede ver una vieja haya que desea contar las historias deportivas de tola jugando bajo ella, parece abandonada, triste, melancólica y nostálgica. Allí dejó muchas anécdotas compartidas y el mismo silencio desea hablar de aquellas alegrías y de la energía que la juventud exhalaba
La vida es un instante, un instante, en este caso de 90 años, en los que puede visualizar su niñez en el barrio que lo vio nacer, el crucero. Mirar con sorpresa ese trenecito que por allí cruzaba y se conocía como el piojito en ese provinciano pueblo al que iba llegando el progreso. En este instante es posible mirar nítidamente los rostros de las tías, Silvina, Carmela y de su madre, señora Margarita, de su hermana y hermanos, la dicha de convertirse en padre y más tarde en abuelo, años de trabajo, deporte y muchas ilusiones inspiradas para realizarlas. Su vida no la ha vivido en vano, algo sembró y ha dejado profundas huellas en su existir, como ejemplo, para su descendencia, los sabemos quiénes lo conocemos. Hoy, en la estancia senil, comparte vivencias con sus recuerdos acompañados de cierta nostalgia por lo que no se puede repetir.
A los 90 años de edad, Rafael Arredondo Colorado, aún tiene alas para seguir viviendo, alas para soñar y para realizar pequeños proyectos. La vida ha sido benévola con él, pero él jamás le ha confesado su amor con palabras, porque las palabras se las lleva el viento a perderlas en el horizonte. Rafael, le ha demostrado su amor en el aprendizaje y experiencias cotidianas, trabajar, vivir a plenitud cada día, ese es el verdadero amor y gratitud con lo que se rinde culto a la vida, y el festejado, seguirá siendo ese incansable guerrero, que ha esculpido su existencia en el despertar de cada amanecer.
No me resta más que agradecerle la invitación y, con mi esposa, en este sustancial día le regalamos el mejor abrazo que nos acompaña, porque las palabras no existen para expresar ciertos sentimientos. Tola, Muchas felicidades en tu cumpleaños número noventa y que Dios siga esparciendo bendiciones sobre tu vida.