¿SEV FALLA TECNOLOGÍA O INCOMPETENCIA DIGITAL?
El Regional Coatepec 18 de julio de 2025
¿SEV FALLA TECNOLOGÍA O INCOMPETENCIA DIGITAL?
Una vez más, se le agrega otra rayita al tigre,
la modernización tecnológica vuelve a quedar en entredicho. La reciente falla
en la plataforma de la Secretaría de Educación de Veracruz (SEV) para la
consulta de calificaciones no es un incidente aislado, sino la síntesis de una
administración pública atrapada entre el discurso de la innovación y la
realidad de su precariedad operativa.
Miles de maestros, padres de familia, docentes
y alumnos se toparon esta semana con una escena repetida y vergonzosa: el sistema
de captura y consulta de boletas escolares simplemente no funcionó. Se cayó.
Colapsó. Se bloqueó. Llámese como se quiera, el hecho es que en pleno siglo
XXI, cuando hasta los bancos operan en tiempo real y los niños usan tabletas
desde preescolar, la SEV no pudo garantizar un proceso tan básico como
consultar las calificaciones del ciclo escolar.
Ese procedimiento no es una invención de la 4T,
se realiza todos los años, solo que ahora es la primera vez que le toca a las
nuevas autoridades de la secretaría, que se supone le debe de estar ayudando
mucho a la gobernadora en la solución de problemas, aunque hasta ahora han sido
solo dolores de cabeza.
Acaso hubo cambio de servidores, los nuevos
equipos no tienen la capacidad para procesar esos volúmenes de información, o
alguien se benefició con nuevos contratos.
¿Y por qué debería importarnos? Porque detrás
del discurso rimbombante sobre digitalización educativa, hay dinero público,
hay compromisos incumplidos y, sobre todo, hay derechos vulnerados. Lo que
falló no fue solo un servidor o una base de datos: falló la promesa de un
sistema educativo mínimamente funcional.
Esa recomendación de que los maestros y
maestras se pusieran a cargar la información de las boletas de sus alumnos en
la madrugada, es una reverenda…ocurrencia.
Por eso lo ocurrido no se puede despachar como
una “intermitencia técnica”. Estamos hablando del cierre de un ciclo escolar
que impacta directamente a más de un millón de estudiantes de nivel básico en
el estado. ¿Cómo se puede justificar que, en la semana de clausuras y entrega
de boletas, no haya previsión técnica para soportar la demanda?
La respuesta no está en el manual de
informática, sino en la falta de planeación institucional, en la ausencia de
responsabilidad jerárquica y en el desinterés absoluto por la experiencia del
usuario final: padres, madres, maestros y alumnos.
Esta no es la primera vez que los sistemas
digitales del gobierno estatal fallan en momentos críticos. Ya lo hemos visto
con las plataformas de inscripción, con el sistema de becas, con la consulta de
actas o incluso en los portales para trámites básicos. En todos los casos, la
constante es la misma: se abren sistemas con bombo y platillo, se presume
modernidad en los medios, pero a la hora de la verdad, el usuario enfrenta
pantallas congeladas, errores 404 y servidores caídos.
Hasta el cierre de esta columna, ningún
funcionario de alto nivel en la SEV ha dado la cara. Nadie ha ofrecido una
disculpa pública, y mucho menos se ha anunciado alguna investigación o sanción.
Eso, en cualquier otro país con un mínimo de estándares institucionales, sería
motivo de renuncia o al menos de comparecencia pública. En Veracruz, se vuelve
parte del paisaje burocrático: fallar, ocultar, minimizar y esperar que el
escándalo se diluya en la siguiente semana.
O peor aún, se pretende hacer recaer la culpa
en los docentes, quienes tienen que improvisar formatos, reprogramar entregas y
dar la cara ante los padres. Una vez más, el magisterio termina resolviendo con
buena voluntad lo que las autoridades educativas no supieron prever.
La educación digital no se resuelve con
discursos ni con páginas web mal diseñadas. Requiere inversión real,
experiencia, capacitación técnica, mantenimiento constante y protocolos de
contingencia. La pregunta que debemos hacernos es: ¿cuánto se ha gastado en
estos sistemas fallidos?, ¿quién los contrató?, ¿qué empresa fue la
responsable?, ¿hubo licitaciones transparentes?
La SEV está obligada a responder. No basta con
restablecer el sistema y fingir que nada pasó. Se deben rendir cuentas. La
transparencia digital no solo se mide en plataformas accesibles, sino en la
claridad de los contratos, en la rendición de cuentas y en la capacidad de
asumir responsabilidades.
En última instancia, lo que está en juego es la
confianza en el sistema educativo. Si ni siquiera puede garantizar que los
alumnos conozcan sus calificaciones a tiempo, ¿qué podemos esperar en términos
de calidad, equidad o inclusión?
Este episodio no debe quedar en el olvido ni
como una anécdota más del anecdotario trágico de la administración pública. Es
momento de que la sociedad civil, los medios y los propios trabajadores de la
educación exijan una revisión profunda del modelo digital de la SEV. La
tecnología debe servir a las personas, no humillarlas.
Porque detrás de cada “fallo del sistema” hay
un estudiante frustrado, un padre desinformado y un maestro rebasado. Y eso,
señores funcionarios, no es un error técnico. Es una falta de respeto. Y una
muestra más de que el rezago educativo también se escribe en ceros y unos.
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