SILENCIO QUE ORGANIZA, DESGASTE QUE ORDENA
El Regional Coatepec 10 de agosto de 2025
Cuarto de
Guerra
SILENCIO QUE ORGANIZA, DESGASTE QUE ORDENA
Por: Alejandro García
Rueda
En el ajedrez de la
política nacional, los movimientos más efectivos no siempre hacen ruido. Muchas
veces, la jugada más poderosa es la que no se ve, la que no se presume, la que
permite que otros se precipiten mientras el liderazgo verdadero administra los
tiempos con pulso firme. La figura presidencial ha optado por no interferir,
pero no por indiferencia; ha permitido que los elementos se acomoden por sí
mismos, pero no por debilidad. Es una lógica distinta: no se trata de controlar
todo, sino de sostener lo esencial.
A primera vista, podría
parecer que el Ejecutivo guarda distancia de las tensiones visibles en la cámara
de diputados, en el senado y en el partido al que pertenece. Sin embargo, esa
distancia no es abandono: es cálculo. Mientras algunos se desgastan solos —por
protagonismo, torpeza o ambición mal medida— la presidencia preserva autoridad
y capital político, sin tener que desgastarlo en causas perdidas. El poder, en
esta fase del proceso histórico, no se ejerce con aspavientos, sino con
precisión quirúrgica. No todo se responde; mucho se permite.
Desde fuera, algunos
observan la escena e insisten: “falta fuerza”, “hace falta presencia”, “urge
una sacudida”, pero esas frases revelan una visión corta, reactiva, porque,
aunque el “antimorenismo” ha querido capitalizar lo que presume como
vacío, la realidad es que no ha logrado llenarlo. Las redes sociales no han
sido tomadas por asalto. La narrativa opositora no ha encontrado eje ni emoción
que la sostenga. Y es que una estrategia sin anclaje popular se vuelve espuma:
suena, pero no permanece.
Lo verdaderamente
poderoso es que, en medio de todo eso, no se ha perdido el rumbo. Ni el
gobierno, ni el partido, ni el proyecto de nación. Cada uno juega su papel: el
legislativo sostiene hasta el último hilo de legalidad, las secretarías
ejecutan sin sobresaltos, y la presidencia guía sin distraerse. ¿Hace falta un nuevo
golpe de autoridad política y comunicacional? Puede ser. Pero será cuando
convenga, no cuando lo exija el enemigo.
En esa espera activa,
donde otros ven pasividad, hay una virtud que pocos dominan: el arte de la
conducción por tiempos. Mientras unos se desgastan, otros se colocan. Mientras
unos se sabotean, otros se consolidan. La presidenta no ha perdido el control;
lo ha refinado. Ha dejado que el desgaste ordene, que el silencio organice, y
que la historia premie al que supo no moverse cuando el movimiento solo
beneficiaba a los impacientes.
La lógica tradicional
del poder se basa en la intervención constante. Pero este sexenio ha
reconfigurado las reglas: gobernar también es saber cuándo no intervenir. En
lugar de entrar en cada discusión, la doctora Sheinbaum ha permitido que el
sistema político funcione como filtro natural. Quien resiste, merece; quien se
desgasta, confirma su límite. Esta es una forma de depuración institucional sin
necesidad de purgas. Una forma de reorganización basada en la propia naturaleza
de las crisis: cada actor revela su talla en la tormenta.
Muchos han confundido
la ausencia del reflector con la ausencia del control. Es un error común en los
que piensan que el poder se valida en trending topics o en desplegados públicos.
Pero en política real, los grandes movimientos se cocinan a fuego lento. Se
escuchan en pasillos, se operan en lo interno, se confirman en el terreno. La
presidenta no ha dejado de operar; ha elegido operar en otra frecuencia, donde
el ruido no estorba y los tiempos no se imponen, se gestionan. Por eso,
mientras unos pierden energía en el forcejeo, ella la reserva para los momentos
clave.
Esta capacidad de
contener sin explotar, de sostener sin exponerse, también revela una confianza
estructural: hay proyecto. Hay instituciones que ejecutan, hay cuadros que
avanzan, y hay una base social que no ha soltado la convicción. El respaldo
popular no se construye todos los días porque no se ha perdido; se administra
porque sigue vigente. Por eso las campañas anticipadas de los adversarios
suenan forzadas, porque intentan ganar en la desesperación lo que no han podido
construir en convicción.
La pregunta no es si se
requiere una respuesta más ruidosa, sino cuándo conviene. Porque en este
tablero, cada pieza que se sacrifica tiene un propósito. Las omisiones no son
torpeza, son parte del método. Y si algo ha demostrado esta presidencia, es que
entiende el tiempo como recurso político y el silencio como herramienta de
poder. Mientras los adversarios corren detrás de la ansiedad social, el
liderazgo presidencial mantiene el pulso en el largo plazo. Y ahí, en ese
horizonte que otros no ven, se sigue sembrando la victoria.
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