SOBRE LAS NUEVAS TARIFAS DE TAXIS EN VERACRUZ
El Regional Coatepec 23 de julio de 2025
SOBRE LAS NUEVAS TARIFAS DE TAXIS EN VERACRUZ
· La
falta de una política pública efectiva en el sector del transporte
· Los
usuarios tienen derecho a un transporte accesible
· Se
requiere establecer un diálogo abierto que incluya a todos
Por Miguel
Ángel Cristiani
La reciente
aprobación de nuevas tarifas de taxis en el estado de Veracruz ha suscitado una
serie de reacciones que van desde la indignación hasta el alivio. ¿Estamos ante
un avance que busca regular y dignificar el servicio público, o es simplemente
una medida más que perpetúa la desigualdad y el descontento social?
Desde la perspectiva
de Pancho López el filósofo ateniense xalapeño, que ha vivido las vicisitudes
del transporte en esta entidad, es imperativo analizar estas tarifas no solo
como un ajuste económico, sino como un síntoma de un problema más profundo: la
falta de una política pública efectiva en el sector del transporte. La nueva
tarifa, que incrementa en un 20% el costo de los viajes, se justifica por la
necesidad de compensar el alza en los precios de los combustibles y el
mantenimiento de los vehículos que se ha mantenido durante muchos años. Sin
embargo, esta justificación carece de un contexto más amplio que examine la
precariedad laboral de los conductores y la situación económica de los
usuarios.
La población, en su
mayoría de clase trabajadora, enfrenta un constante dilema: la necesidad de
transporte asequible se enfrenta a una realidad de tarifas que cada vez son más
difíciles de sostener. Según datos del INEGI, más del 40% de la población
veracruzana vive en condiciones de pobreza. En este sentido, el aumento de
tarifas no solo afecta el bolsillo, sino que también repercute en la calidad de
vida y en la movilidad social.
Las tarifas de
taxis, en este contexto, deben ser entendidas como un elemento crucial en la
estructura social. Si bien es cierto que los taxistas merecen un ingreso justo,
también lo es que los usuarios tienen derecho a un transporte accesible. Aquí
surge la necesidad de un equilibrio que, hasta ahora, ha sido esquivo.
¿El cambio en las
tarifas ha sido consultado adecuadamente con los usuarios.? La Ley de
Transporte del Estado de Veracruz establece que cualquier modificación debe ser
discutida en foros abiertos a la ciudadanía. Sin embargo, este proceso ha sido
opacado por la falta de transparencia y de un diálogo verdadero entre
autoridades y ciudadanos. La participación activa de la sociedad civil es
fundamental en este tipo de decisiones, pues no se trata solo de ajustar
precios, sino de construir un sistema de transporte que funcione para todos.
Los antecedentes de
conflictos entre taxistas y servicios de transporte alternativo como Uber o
Didi también son relevantes. Al aumentar las tarifas, se corre el riesgo de que
los usuarios opten por plataformas más accesibles, lo que podría generar un
efecto colateral negativo en la economía local y en el empleo de los taxistas
tradicionales.
Se requiere
establecer un diálogo abierto que incluya a todos los actores involucrados:
taxistas, usuarios, y expertos en transporte. Además, es crucial que se
implementen políticas que promuevan alternativas de movilidad y que garanticen
un ingreso justo a quienes prestan este servicio. Las tarifas no deben ser solo
un incremento, sino parte de un sistema que busque la equidad y la justicia
social.
Ya se ha anunciado
una modernización de los camiones urbanos para este mismo año en Xalapa, pero
que hay con los taxis, con el servicio de combis colectivas, con las nuevas y
más amplias rutas de transporte.
¿Dónde están los
taxímetros? ¿Dónde está la capacitación para los conductores? ¿Dónde están los
criterios técnicos que sustenten que ese aumento es justo y proporcional? La
respuesta es sencilla: no existen. La tarifa sube, pero la calidad no mejora. Y
mientras tanto, los usuarios siguen sujetos al humor, la discrecionalidad o la
necesidad del conductor de turno. En ciudades como Xalapa o Veracruz puerto, el
usuario tiene que “negociar” el precio antes de abordar, como si se tratara de
un mercado informal, no de un servicio público.
Y el problema no es
nuevo. En Veracruz, el transporte público ha sido históricamente rehén de
intereses políticos, de concesiones entregadas como favores, de liderazgos que
operan como cárteles económicos disfrazados de sindicatos. Cada sexenio promete
“ordenar el transporte”, pero ninguno lo cumple. La anarquía conviene a muchos…
menos al ciudadano.
Las tarifas podrían
subir mil veces y el problema seguiría siendo el mismo: la falta de reglas, de
controles, de visión a largo plazo. Un sistema de transporte moderno no solo se
mide por cuánto cuesta, sino por cuán seguro, eficiente y transparente es. Y en
eso, Veracruz sigue reprobado.
Es tiempo de hacer
las cosas de otra forma. No se trata de castigar al taxista, sino de integrar
al sistema. Se necesita formalización, fiscalización y justicia tarifaria para
ambos lados. La autoridad debe dejar de ser rehén del sector y empezar a
gobernar en serio: con datos, con diagnósticos, con decisión.
Porque si el
transporte público no sirve a la ciudadanía, ¿entonces para quién sirve?
Los veracruzanos
merecen un transporte digno, accesible y confiable. Subir la tarifa sin subir
la calidad es perpetuar el abuso. Y ya es hora de bajarse de ese taxi.
Las nuevas tarifas
de taxis en Veracruz son un llamado a la reflexión sobre cómo se gestionan los
servicios públicos en nuestro estado. La responsabilidad cívica no solo recae
en los gobernantes, sino en cada uno de nosotros, que debemos exigir un
transporte digno, accesible y justo. La verdadera transformación social
comienza con el cuestionamiento y la participación activa en las decisiones que
nos afectan.