TERREMOTO POLÍTICO: LA RÉPLICA DEL PUEBLO
El Regional Coatepec 18 de julio de 2025
Cuarto
de Guerra
TERREMOTO POLÍTICO: LA RÉPLICA DEL PUEBLO
Por: Alejandro
García Rueda
Hay municipios donde lo
ocurrido el 1 de junio no puede describirse simplemente como continuidad
política. Eso sería reducir y simplificar. En Veracruz —especialmente en
Coatepec, Misantla, Nanchital, Jáltipan, Rafael Delgado o Minatitlán— se vivió
un terremoto político. Las placas del poder local se reacomodaron. Y las
réplicas —que ya se sienten— seguirán moviendo estructuras y mentalidades
durante años.
A casi mes y medio de
las elecciones, el efecto en Veracruz es claro: no fue una continuidad
rutinaria, sino una sacudida cuyo epicentro se ubicó en municipios clave como
Xalapa, Veracruz, Córdoba, Tantoyuca y Tuxpan.
En nuestro municipio,
el valor de la victoria no está solo en los votos: es la recuperación de una
estrategia donde el poder municipal facilita la participación ciudadana, no la
simula. En Coatepec, Nacho Luna emergió como articulador con respaldo social,
tras años de movilización del partido.
Municipios clave:
fuerza con resonancia social
En Xalapa, Daniela
Griego mantuvo la alcaldía con 40 %. En Veracruz, Rosa Hernández Espejo superó
el 52 %. Morena sigue consolidándose en capitales y regiones costeras,
generando ecosistemas políticos diversos pero cohesionados.
Esta victoria retumba
más allá de los números. Si bien hubo derrotas, las alcaldías con peso
simbólico consolidan un mensaje potente: el sismo no se mide solo en cifras,
sino en vibración social.
No hablamos solo de que
Morena repitió en el poder municipal, sino de una ciudadanía que decidió no
soltar el poder, reflejándose en quien encabeza el ayuntamiento como garante de
demandas profundas y urgentes.
El avance de Morena
puede derivar en una institucionalización con arraigo local y proyección hacia
2027, a partir de estructuras consolidadas, comités activos y coherencia
ideológica.
Coatepec es ejemplo. Lo
que antes era alternancia superficial, hoy se transforma en una reconfiguración
profunda. Se recupera la hondura estratégica del obradorismo que, por años, se
disfrazó de espectáculo. Hoy se habla de territorio, tejido social, comunidad.
Y esto no se logra en el vacío.
Porque lo que se juega
no es solo la permanencia de un partido, sino la consolidación de una nueva
cultura política con protagonismo popular. El terremoto fracturó al viejo
régimen y abrió grietas para que nuevas formas de hacer política respiren. Es
una oportunidad histórica.
La transición de lo
cosmético a lo estructural requiere algo más que voluntad: necesita formación,
organización y vocación pedagógica. Si el pueblo no soltó las riendas, debe
tener también las herramientas para conducir el cambio. Una ciudadanía
participativa transforma gobiernos y también su modo de pensarse.
Aquí Morena debe ser
estratégica: mirar a las bases, no a las cúpulas. Voltear a ver a brigadas,
liderazgos comunitarios y militancia persistente. El ánimo está ahí. El músculo
también. Falta dirección, formación y un horizonte compartido.
Los comités municipales
no deben ser vistos como simples brazos de campaña. Son —o deben ser— escuelas
de ciudadanía, reservorios de memoria y acción. Rearticularlos no es trámite:
es apuesta de futuro.
Dirán que es temprano,
pero el horizonte ya apunta a 2027. La próxima fase exigirá cohesión interna y
legitimidad real.
Veracruz tiene
potencial de transformación. Pero ese potencial depende de la vigilancia
ciudadana y la coherencia política. El terremoto del 1 de junio no terminó en
el cómputo; sus réplicas siguen redefiniendo la política local. El reto es
convertirlas en estructuras sólidas capaces de resistir embates y presiones.
Ese remezón fue obra
del pueblo organizado. No hay terremoto político sin trabajo de base. Lo
protagonizaron maestras, campesinos, litigantes, madres, estudiantes,
promotores de salud, comerciantes y activistas que sostienen la esperanza sin
reflectores.
Esta elección confirmó
que Morena no tiene una sola cara. Su fuerza está en su gente: quienes
siembran, enseñan, curan, resisten y sueñan. Quienes pintaron bardas, armaron
brigadas, defendieron el voto y caminaron con credencial y esperanza en mano.
Eso no puede perderse.
La fuerza está en las
bases. Es momento de formarlas.
A quienes militan,
simpatizan o creen en este movimiento: no son espectadores, son protagonistas.
Su papel comienza ahora.
Hay que recuperar el
espíritu formativo de Morena: círculos de estudio, debate, reflexión colectiva.
La transformación se construye con cuadros sólidos, no con improvisaciones.
Morena necesita, más
que nunca, a sus bases. Personas comprometidas que entiendan el proyecto de
nación y estén listas para el siguiente paso: construir poder popular.
Y si hablamos de
futuro, hay un llamado firme: el Comité Estatal y Nacional deben voltear a ver
el trabajo de las estructuras municipales. En Coatepec, Veracruz, Xalapa y
Tantoyuca, esas estructuras no solo ganaron elecciones: sostuvieron el
movimiento con mística, voluntad y acción.
Es urgente revitalizar
los comités municipales, darles formación, herramientas y acompañamiento. No
podemos permitir que estructuras efectivas caigan en la inercia o el abandono.
Si Morena quiere seguir
siendo primera fuerza en Veracruz, debe institucionalizar su raíz popular sin
sofocarla. No es regresar al partido de élites, sino consolidar un instrumento
colectivo que permita a la base decidir.
Hoy hay una generación
de brigadistas, promotores y militantes con talento y compromiso. No podemos
perderlos. Hay que integrarlos, no como relleno electoral, sino como sujetos
políticos de la transformación.
Porque si algo quedó
claro en esta elección, es que el pueblo no está dormido: está listo para más.
Y sí, fue un terremoto
político. Pero las réplicas más importantes no serán las que sacudan al
sistema, sino las que despierten conciencias y conviertan voluntades
individuales en proyectos colectivos.
El futuro no se espera,
se organiza.
Y en Morena, ese futuro empieza en cada barrio, en cada comité y en cada
corazón que sigue creyendo.
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