TERREMOTO POLÍTICO: LA RÉPLICA DEL PUEBLO

CUARTO DE GUERRA
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Cuarto de Guerra

TERREMOTO POLÍTICO: LA RÉPLICA DEL PUEBLO

Por: Alejandro García Rueda

 

Hay municipios donde lo ocurrido el 1 de junio no puede describirse simplemente como continuidad política. Eso sería reducir y simplificar. En Veracruz —especialmente en Coatepec, Misantla, Nanchital, Jáltipan, Rafael Delgado o Minatitlán— se vivió un terremoto político. Las placas del poder local se reacomodaron. Y las réplicas —que ya se sienten— seguirán moviendo estructuras y mentalidades durante años.

 

A casi mes y medio de las elecciones, el efecto en Veracruz es claro: no fue una continuidad rutinaria, sino una sacudida cuyo epicentro se ubicó en municipios clave como Xalapa, Veracruz, Córdoba, Tantoyuca y Tuxpan.

En nuestro municipio, el valor de la victoria no está solo en los votos: es la recuperación de una estrategia donde el poder municipal facilita la participación ciudadana, no la simula. En Coatepec, Nacho Luna emergió como articulador con respaldo social, tras años de movilización del partido.

 

Municipios clave: fuerza con resonancia social

En Xalapa, Daniela Griego mantuvo la alcaldía con 40 %. En Veracruz, Rosa Hernández Espejo superó el 52 %. Morena sigue consolidándose en capitales y regiones costeras, generando ecosistemas políticos diversos pero cohesionados.

Esta victoria retumba más allá de los números. Si bien hubo derrotas, las alcaldías con peso simbólico consolidan un mensaje potente: el sismo no se mide solo en cifras, sino en vibración social.

 

No hablamos solo de que Morena repitió en el poder municipal, sino de una ciudadanía que decidió no soltar el poder, reflejándose en quien encabeza el ayuntamiento como garante de demandas profundas y urgentes.

El avance de Morena puede derivar en una institucionalización con arraigo local y proyección hacia 2027, a partir de estructuras consolidadas, comités activos y coherencia ideológica.

 

Coatepec es ejemplo. Lo que antes era alternancia superficial, hoy se transforma en una reconfiguración profunda. Se recupera la hondura estratégica del obradorismo que, por años, se disfrazó de espectáculo. Hoy se habla de territorio, tejido social, comunidad. Y esto no se logra en el vacío.

 

Porque lo que se juega no es solo la permanencia de un partido, sino la consolidación de una nueva cultura política con protagonismo popular. El terremoto fracturó al viejo régimen y abrió grietas para que nuevas formas de hacer política respiren. Es una oportunidad histórica.

 

La transición de lo cosmético a lo estructural requiere algo más que voluntad: necesita formación, organización y vocación pedagógica. Si el pueblo no soltó las riendas, debe tener también las herramientas para conducir el cambio. Una ciudadanía participativa transforma gobiernos y también su modo de pensarse.

 

Aquí Morena debe ser estratégica: mirar a las bases, no a las cúpulas. Voltear a ver a brigadas, liderazgos comunitarios y militancia persistente. El ánimo está ahí. El músculo también. Falta dirección, formación y un horizonte compartido.

 

Los comités municipales no deben ser vistos como simples brazos de campaña. Son —o deben ser— escuelas de ciudadanía, reservorios de memoria y acción. Rearticularlos no es trámite: es apuesta de futuro.

 

Dirán que es temprano, pero el horizonte ya apunta a 2027. La próxima fase exigirá cohesión interna y legitimidad real.

 

Veracruz tiene potencial de transformación. Pero ese potencial depende de la vigilancia ciudadana y la coherencia política. El terremoto del 1 de junio no terminó en el cómputo; sus réplicas siguen redefiniendo la política local. El reto es convertirlas en estructuras sólidas capaces de resistir embates y presiones.

 

Ese remezón fue obra del pueblo organizado. No hay terremoto político sin trabajo de base. Lo protagonizaron maestras, campesinos, litigantes, madres, estudiantes, promotores de salud, comerciantes y activistas que sostienen la esperanza sin reflectores.

 

Esta elección confirmó que Morena no tiene una sola cara. Su fuerza está en su gente: quienes siembran, enseñan, curan, resisten y sueñan. Quienes pintaron bardas, armaron brigadas, defendieron el voto y caminaron con credencial y esperanza en mano. Eso no puede perderse.

 

La fuerza está en las bases. Es momento de formarlas.

A quienes militan, simpatizan o creen en este movimiento: no son espectadores, son protagonistas. Su papel comienza ahora.

 

Hay que recuperar el espíritu formativo de Morena: círculos de estudio, debate, reflexión colectiva. La transformación se construye con cuadros sólidos, no con improvisaciones.

 

Morena necesita, más que nunca, a sus bases. Personas comprometidas que entiendan el proyecto de nación y estén listas para el siguiente paso: construir poder popular.

 

Y si hablamos de futuro, hay un llamado firme: el Comité Estatal y Nacional deben voltear a ver el trabajo de las estructuras municipales. En Coatepec, Veracruz, Xalapa y Tantoyuca, esas estructuras no solo ganaron elecciones: sostuvieron el movimiento con mística, voluntad y acción.

Es urgente revitalizar los comités municipales, darles formación, herramientas y acompañamiento. No podemos permitir que estructuras efectivas caigan en la inercia o el abandono.

 

Si Morena quiere seguir siendo primera fuerza en Veracruz, debe institucionalizar su raíz popular sin sofocarla. No es regresar al partido de élites, sino consolidar un instrumento colectivo que permita a la base decidir.

 

Hoy hay una generación de brigadistas, promotores y militantes con talento y compromiso. No podemos perderlos. Hay que integrarlos, no como relleno electoral, sino como sujetos políticos de la transformación.

 

Porque si algo quedó claro en esta elección, es que el pueblo no está dormido: está listo para más.

 

Y sí, fue un terremoto político. Pero las réplicas más importantes no serán las que sacudan al sistema, sino las que despierten conciencias y conviertan voluntades individuales en proyectos colectivos.

 

El futuro no se espera, se organiza.
Y en Morena, ese futuro empieza en cada barrio, en cada comité y en cada corazón que sigue creyendo.

 

DISCLAIMER: Las opiniones aquí expresadas son exclusivamente responsabilidad del autor. Ningún cargo, puesto o función que desempeñe, actualmente o en el futuro, refleja necesariamente la posición institucional de la organización, dependencia o medio al que pertenece o en el que se publica este texto.