TESOROS DE UNA INFANCIA GALÁCTICA

- Para los niños potosinos de los años 70 y 80, un “monito” de Star Wars era el boleto a una galaxia lejana; hoy, esas figuras de Lily Ledy que costaban 20 pesos son tesoros que valen miles.
En las tardes potosinas de finales de los años 70, la felicidad se medía en centímetros de plástico.
Hacer la tarea rápido tenía como recompensa salir a jugar al patio con Luke Skywalker o Darth Vader, aquellos juguetes que los padres compraban en las repisas de la Juguetería Félix o el Centro Juguetero.
En ese entonces, bastaban 20 o 35 pesos para tener un pedazo de universo en las manos.
Esas figuras no eran importadas, sino hechas en México por la mítica fábrica Lily Ledy.
Con colores únicos, tamaños distintos y detalles de pintura que no se veían en las versiones estadounidenses de Kenner, la empresa mexicana le dio una identidad propia a la saga de George Lucas.
Nadie imaginaba que los juguetes que terminaban raspados por la tierra del jardín se convertirían, décadas después, en objetos de deseo codiciados en todo el mundo.
Hoy en día, la nostalgia cotiza alto.
Tras el cierre definitivo de la fábrica en 1985, las piezas que sobrevivieron al juego rudo se volvieron verdaderas rarezas.
Personajes como el Jawa o el Hombre de las Dunas (Tusken Raider), que antes compartían espacio con canicas y trompos, ahora se resguardan en vitrinas y alcanzan precios que van desde los 600 hasta más de 3 mil pesos o cientos de dólares en el mercado del coleccionismo.
Para los adultos potosinos que hoy rondan los 50 años, ver un monito de Lily Ledy es un auténtico viaje en el tiempo.
Aunque coleccionistas de todo el mundo ofrezcan una fortuna por ellos, muchos se niegan a venderlos, pues el verdadero valor de estas piezas no está en los billetes, sino en el recuerdo intacto de una infancia donde la imaginación no tenía límites.