TRAS LA PISTA DE MEDICAMENTOS QUE ENFERMAN AL PLANETA

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Agencia Reforma

Ciudad de México 30 marzo 2026.- Los medicamentos que curan a los humanos también pueden enfermar al planeta.

 Las especies que habitan en cuerpos de agua como lagos y ríos reciben residuos de fármacos que pueden ser tóxicos, advierte Hariz Islas Flores, investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de México.

 “Hay que recordar que la salud no es solamente de los organismos, no es solamente del ambiente o solamente la nuestra: es una sola. Si hay un desbalance entre la salud del ambiente, del ecosistema y la de nosotros, tenemos problemas”, enfatiza en entrevista la química farmacobióloga galardonada con la más reciente edición del Premio Matilde Montoya para Mujeres en Ciencias Biológicas y de la Salud, 2025, por sus estudios de este tipo de impactos de la industria médica.

 Microcrustáceos, peces y anfibios han presentado estrés oxidativo, malformaciones, cambios en la reproducción e incluso cambios de comportamiento derivados de antidepresivos que les impiden reaccionar ante sus depredadores, ejemplifica.

 Los fármacos, explica la también académica, llegan al ambiente por distintas vías, desde las que involucran a la industria, hasta las que conciernen a los ciudadanos cuando, por ejemplo, toman una pastilla para aliviar un dolor de cabeza.

 “El ciclo de los medicamentos en el ambiente es muy dinámico, porque empieza desde la industria farmacéutica que los genera y cuando lava las tolvas, las maquinarias; esa agua va a los drenajes (con residuos).

 “Nosotros participamos también”, añade, “porque eliminamos a través de heces y orinas los medicamentos que tomamos, y eso se va al agua del alcantarillado”.

 Las plantas tratadoras no están hechas para eliminar compuestos tan minúsculos como los que excretamos, pues remueven sustancias más grandes, aclara, de modo que una parte de estos fármacos se deposita de nuevo en lagos, ríos u otros sistemas acuáticos.

 Otra vía de contaminación, refiere, son los fármacos utilizados en la agricultura para animales, que también se transfieren al agua.

 Igualmente se genera contaminación por fármacos cuando se tiran a la basura medicamentos caducos o que no se usaron, señala Islas Flores.

Cuidado personal, ¿perjudicial para el ambiente?

 No sólo los medicamentos que tomamos diariamente -y a veces de varios tipos requeridos en las enfermedades crónicas- acaban en el agua, sino también productos de uso cotidiano, como detergentes, champús, filtros solares y otros que se consumen día a día, como la cafeína o el cigarro.

 “A pesar de que hablamos de concentraciones muy pequeñas, el problema aquí es que hay una introducción continua en el ambiente. No solamente llegan a los cuerpos de agua, como lagos o ríos: pueden llegar también al agua potable, la que tomamos diariamente, porque las plantas tratadoras no eliminaron esos compuestos”, previene.

 “Hay estudios que han demostrado, por ejemplo, que antiinflamatorios no esteroideos llegan a estar en pequeñas concentraciones traza, de nanogramos o microgramos por litro”.

 Es difícil aún determinar la afectación directa a las poblaciones humanas, porque múltiples elementos confluyen en el agua, como metales y plásticos, pero los estudios hasta ahora realizados en diversos organismos indican que puede haber efectos a largo plazo o una toxicidad crónica por exposición, apunta Islas Flores.

 Tendría que analizarse, dice, la mezcla de todos esos compuestos para determinar su efecto.

 “Hemos estudiado diferentes eslabones de la cadena alimenticia. Empezamos desde las que se conocen como pulgas de agua, que son microcrustáceos, hasta peces de mayor tamaño, como el pez cebra.

 “Hemos estudiado también carpas comunes, ranas toro y ranas xenopus, y hemos visto que ese tipo de efecto se va repitiendo en la mayoría de los organismos. Si en uno se produjo estrés, en los otros también”, detalla.

 Y por la cadena trófica aumentan las concentraciones de compuestos tóxicos: si el pez se comió el microcrustáceo, estas se biomagnifican.

 La investigadora refiere estudios de especialistas del Instituto Politécnico Nacional que relacionan algunos efectos del estrés oxidativo de la población alrededor de la Presa Madín, en el Estado de México, con los presentados por peces.

Antiinflamatario casi extingue a buitres

 Alrededor de 1990 comenzaron estos estudios en el mundo, mientras en México arrancaron al despuntar el milenio, un rezago que repercute en el desarrollo de la regulación, plantea Islas Flores.

 En aquella década se encontró que el diclofenaco, un antiinflamatorio no esteroideo, provocó la muerte de buitres en Pakistán, al grado de casi provocar su extinción.

 “El medicamento”, explica la especialista, “estaba afectando a los buitres que se alimentaban de los cadáveres (de animales) que habían sido tratados con este fármaco”.

 En Estados Unidos, en tanto, descubrieron que los compuestos farmacéuticos que se desechaban en un lago provocaban la feminización de los peces machos.

 “Empieza entonces a crecer el interés por saber cuál era el riesgo de los medicamentos; generalmente, los que más preocupan, son los disruptores endocrinos, que son los que provocan daños de feminización, daños reproductivos, etcétera”.

 Países de la Unión Europea y Estados Unidos comenzaron a tener ya regulaciones y listas de vigilancia de compuestos, mientras en México apenas se perfilan.

 “Con nuestro trabajo en el laboratorio estamos aportando ese granito de arena para empezar en un futuro a hacer esas normatividades de esos compuestos, empezar a ver cuáles son los riesgos por su presencia, qué efectos están produciendo y cuando se tenga la información suficiente para hacer una evaluación toxicológica de ese compuesto, pensar en una regulación”.

 De manera paralela, Islas Flores ha probado efectos protectores de alga espirulina en organismos acuáticos.

 “Los resultados han sido satisfactorios, pues hay una reducción de efectos tóxicos; generalmente lo probamos con antiinflamatorios no esteroideos, y sí redujo el estrés oxidativo y daños de teratogénesis o de malformaciones.

 “No como los que no estaban expuestos, pero sí redujo considerablemente el efecto tóxico”, subrayó.

¿Qué puede hacer la ciudadanía?

 Por parte de la ciudadanía afirma que se requiere concientización de la contaminación que se genera cuando se tiran medicamentos al inodoro o a la basura.

 “Lo que podemos hacer es tirarlos en contenedores especiales, que están casi siempre en farmacias o en hospitales, llevar ahí nuestros medicamentos caducos o los que ya no utilizamos para que se le dé tratamiento especial y se eliminen sin contaminar el ambiente.

 “Y hacer concientización, también, de que los medicamentos, aunque a nosotros nos estén curando, la realidad es que también son contaminantes en el ambiente y generan efectos tóxicos en los organismos que se encuentran expuestos a ellos”.

La ciencia también tiene rostro de mujer

 Islas Flores considera que la presencia de más mujeres en la ciencia no solamente representa un avance en términos de equidad, sino también una oportunidad para enriquecer las preguntas, enfoques y soluciones que se plantean frente a los grandes problemas contemporáneos.

 Recientemente reconocida con el Premio Matilde Montoya -distinción que honra a la primera médica mexicana titulada, Matilde Montoya (1857-1938)-, la especialista en química farmacobiológica interpreta ese reconocimiento como algo más que un logro personal: un símbolo del camino que otras mujeres abrieron antes.

 “Recibir un premio que lleva el nombre de una mujer que rompió barreras es importante”, señala. “Para mí representa la responsabilidad de seguir abriendo camino para las niñas que vienen después”.

 Desde su perspectiva, la ciencia necesita nuevas generaciones interesadas en resolver desafíos complejos, particularmente en áreas como los problemas ambientales. Por ello insiste en que es fundamental que las niñas se reconozcan capaces de participar en estos campos.

 “Muchas rompieron techos; nosotros abrimos camino. Pero a ellas les tocará conquistar ese terreno”, dice.