TRATO DIGNO PARA TODOS
El Regional Coatepec 6 de julio de 2025
TRATO DIGNO PARA TODOS
Pbro. Juan Beristain de los Santos
El evangelio de San Lucas presenta y describe todo lo referente a la
misión de los 72 discípulos, que son
enviados por Jesús para anunciar la buena noticia de la llegada del reino de
Dios y de una vida nueva por el perdón de los pecados. En un primer momento,
parece que el cumplimiento de las instrucciones precisas, el modo de llevar a
cabo esta misión y sus resultados son lo más importante para Jesús, pero no es
así; Cristo mismo reorienta y señala la fuente de esta gran alegría de los
discípulos hacia otro punto distinto y
más decisivo: “No se alegren que los demonios los obedezcan, sino que los
nombres de ustedes estén escritos en el cielo” (Lc 10,20). ¿Qué significa
esta expresión de Jesucristo? Significa la vivencia de ser de Dios.
La gran alegría para todos es pertenecerle a Dios. El gran gozo es
sentirse amado por Dios y vivir la vida divina que Él ofrece a todos. En Él
radica la verdadera plenitud de la alegría del ser humano. Todo lo demás llega
como fruto de esta pertenencia a Dios.
La expectativa de ver resultados reales de los proyectos políticos,
económicos, sociales y culturales sigue viva en cada ciudadano mexicano y
veracruzano, pues la abundancia de recursos naturales de México y la altísima
dignidad de las personas así lo
demandan y presuponen. Nadie se
siente satisfecho que en México más de 30 millones de mexicanos sigan
sumergidos en la exclusión y en las condiciones estructurales de pobreza. Nadie
ve con buenos ojos que haya desabasto de medicamentos básicos y hospitales
carentes de equipos necesarios para atender a los enfermos necesitados de un
trato digno, acorde a su gran dignidad. Pero sobre todo, duele
que no haya un trato recíproco entre las personas y que se utilice a cada
ser humano para conseguir los propios fines.
¿Cómo encontrar caminos reales para que todos generen un auténtico
desarrollo para cada ciudadano? El sendero de la caridad cristiana es la
respuesta, pues ésta da la posibilidad de formar una humanidad nueva. El amor cristiano es la principal fuerza
impulsora del crecimiento pleno de cada persona y de toda la humanidad. La
vivencia de la caridad cristiana hace que cada persona se descubra como hijo amado de Dios y orientado a una vida
inspirada por la caridad y la misericordia. Vivir la existencia de este
modo es una exigencia que forma parte del núcleo del mensaje de Jesús y
constituye la esencia del modo de ser y vivir según el evangelio. Todo lo demás
vendrá por añadidura, pues la gran tarea de todos es responder y comprometerse
con estas exigencias esenciales.