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EL KIOSCO DE COATEPEC
Hay silencios que gritan, y hoy el kiosco del Parque Hidalgo es uno de ellos. El kiosco de Coatepec, está cerrado. Entenderlo requiere de historia regional. Para el visitante distraído o el coatepecano que la desconoce, se trata solo de un inmueble clausurado; para el veracruzano de cepa, es una “raya más al tigre” en la compleja gestión del patrimonio público.
Sabía usted que, bajo ese techo de hierro forjado, donde alguna vez la batuta del maestro Juan Lomán y Bueno marcaba el compás de la orquesta del pueblo, alegrando cada domingo con sus conciertos a la población, los hacia bailar al ritmo de la orquesta con selecciones musicales variadas, desde clásicas, vals, y populares hacían las tardes inolvidables que la gente disfrutaba, fue mucho antes de convertirse en el primer director de la Orquesta Sinfónica de Xalapa.
Hoy lo que resuena en el pueblo es el cierre del kiosco. A lo lejos se escucha el eco de las concesiones políticas y los privilegios de otra época.

Les cuento, hablar del kiosco es invocar el recuerdo de las famosas nieves de amantecado, era un ritual de sofisticación provinciana que puso a Coatepec en el mapa del paladar nacional. Sin embargo, detrás de la estampa romántica, subyace una realidad de control político. La concesión otorgada en 1930, en tiempos del gobernador, coronel Abel S. Rodríguez, a la señora Guadalupe Hernández, quien años después heredó a su hija María Elena Mata. La emblemática “Güera”, mujer de trabajo, visionaria continuó el legado con toques de buen servicio y elegancia con sus famosas nieves, que muchos años dio a Coatepec fama. En sus inicios las servían en copas de cristal y una hoja de naranjo en forma de cuchara. Tomar una nieve en el kiosco era visita obligada. Además, punto de reunión social.
“La Güera” emprendedora, organizada y de carácter fuerte se convirtió en líder del sindicato de meseros, fue pieza clave para la hegemonía del tricolor en tiempos de la dictadura perfecta. Aliada incondicional de los diputados de la CTM, “La Güera” convirtió este ícono arquitectónico en un bastión de influencia gremial.

Durante décadas, autoridades han tratado de quitarles inútilmente la concesión, aduciendo que es de Coatepec. Esto viene a colación porque el lunes 10 de marzo, Protección Civil municipal suspendió la actividad comercial del kiosko, por supuestos, daños estructurales. Por el momento la concesión está en los juzgados.
Ante este panorama hay que señalar que el ayuntamiento tiene el derecho de reclamar algo que dice suyo, en eso no hay discusión, lo verdaderamente sorprendente es que usen un pretexto administrativo para cerrar y presionar. La pregunta es: ¿Así deben actuar las autoridades? Valerse de reglamentos menores para presionar a los poseedores. Un gobierno que se dice de izquierda hace uso de artimañas jurídicas para lograr sus propósitos raya en el abuso de poder. Es deseable que la solución la resuelva un juez. Porque se gobiernan con instituciones, y no con pasiones.
La acción no pinta bien a menos de cien días de la toma de posesión de la nueva administración municipal, primero quieren quitar el busto de María Enriqueta y ahora esto. Cuidado.
Es deseable que las acciones se orienten a las mejoras de la comunidad, los servicios municipales e imagen urbana, pero sin abusos, con inteligencia y buen gobierno, pero primero deben presentar el plan municipal de desarrollo.
No dicen para qué lo quieren, cuál será la mejora en el parque. ¿Por fin quitarán a los ambulantes?
Hoy, hacen un nuevo intento por parte del actual ayuntamiento por recuperar este espacio, abre un debate necesario. No se trata simplemente de un proceso administrativo de desalojo, sino de un reclamo de identidad.
Rescatar la mística cultural que Lomán le imprimió al parque en el kiosco, y que este continúe el legado tradicional de las nieves, porque esa fama bien ganada, impulsó a los neveros del pueblo.
El riesgo es si el kiosco siga siendo rehén del corporativismo que se resiste a soltar sus privilegios, pero ahora bajo los colores de morena. Es repetir la historia de un grupo que se quiere enquistar en el poder.

A mi mente llega un pasaje que bien ilustra el tema, mmuchas administraciones municipales pensaron en quitarle ese espacio, pero “La Güera”, de faldas bien puestas se imponía, como aquel día en un mitin frente a palacio municipal, habían instalado un estrado y recién electo el presidente municipal el contador público César Garrido Torres, frente a medio pueblo ahí reunido dijo: “Como alcalde quitaré la concesión del kiosco”, apenas pasaron unos cuantos minutos cuando María Elena, “La Güera”, subió al estrado, se paró delante de él y le dio un par de cachetadas, con voz firme, dijo: “¿Tú y cuántos más me lo van a quitar?”
Así se estrenó César como alcalde, jamás le molestó.
En manos de quién terminará el kiosco. No lo sabemos, lo que sabremos muy pronto es que tipo de gobierno vamos a tener en esta administración.
Por hoy hasta aquí.