Por Miguel Ángel Cristiani G.
En Tuxpan comienza a aparecer una preocupación que va más allá de los baches, las banquetas pintadas o las obras que pueden lucir bien en una fotografía.
La pregunta de fondo es mucho más seria:
¿Existe realmente un proyecto integral de gobierno para atender las necesidades de las colonias tuxpeñas?
Porque una administración municipal no puede reducirse a organizar eventos, inaugurar pequeñas obras y difundir fotografías en las redes sociales.
Gobernar una ciudad implica tener un proyecto.
Saber hacia dónde se quiere llevar al municipio.
Definir prioridades.
Y, sobre todo, atender primero aquello que afecta directamente la calidad de vida de la población.
Uno de los señalamientos que comienzan a escucharse en Tuxpan es precisamente la ausencia de un programa integral de desarrollo para las colonias.
Y si esa percepción se confirma, estaríamos ante un problema mucho más importante que cualquier cuestión de imagen.
Porque las colonias no necesitan solamente jornadas ocasionales.
Necesitan servicios permanentes.
Calles en buenas condiciones.
Agua.
Alumbrado.
Seguridad.
Salud.
Drenaje.
Espacios públicos.
Y una autoridad que conozca directamente sus necesidades.
El culto a la fotografía
Otro de los aspectos que llaman la atención es lo que algunos ciudadanos consideran una excesiva promoción de la imagen personal del alcalde Daniel Cortina.
Fotógrafos, cámaras y hasta drones acompañan diversos eventos de la administración municipal.
Registrar las actividades de un gobierno no tiene nada de malo.
Por el contrario, la comunicación institucional es necesaria.
El problema aparece cuando la comunicación parece convertirse en parte central de la actividad gubernamental narcisista.
Y aquí vale hacerse una pregunta:
¿Cuánto cuesta producir toda esa imagen institucional y cuánto de ese dinero podría destinarse a resolver necesidades concretas?
Hay quienes incluso plantean una comparación bastante gráfica.
Si se cuenta con recursos para mantener una estructura dedicada a documentar cada actividad del alcalde, ¿por qué no destinar una parte de esos recursos a contratar médicos especialistas que tanta falta hacen en el Hospital Civil de Tuxpan?
No se trata de enfrentar comunicación contra salud.
Se trata de establecer prioridades.
Y en materia de gobierno, las prioridades dicen mucho más que los discursos.
El contraste con Pozos Castro
En este punto vuelve inevitablemente la comparación con José Manuel Pozos Castro.
Quienes conocieron su administración sostienen que existía una mayor cercanía con la sociedad tuxpeña y una disposición distinta para atender directamente los problemas.
No se trata de decir que aquella administración fue perfecta.
Ninguna lo es.
Pero sí de observar que la percepción ciudadana puede cambiar de un gobierno a otro.
Pozos Castro tenía una trayectoria política que le permitía moverse con mayor facilidad entre los distintos sectores de la sociedad.
Actualmente ocupa la Subsecretaría de Gobierno del Estado de Veracruz, dentro de la administración de la gobernadora Rocío Nahle García.
En contraste, algunos sectores de Tuxpan perciben a Cortina como un alcalde distante, con menor oficio político y rodeado por un equipo que, según las críticas, responde más a relaciones personales que a criterios de capacidad profesional.
Este último señalamiento, desde luego, merece comprobarse revisando los perfiles de quienes integran el Ayuntamiento.
Porque si el gobierno municipal tiene a los mejores perfiles disponibles, debería poder demostrarlo con resultados.
La bandera y la pintura
También han comenzado a circular críticas sobre decisiones concretas.
Una de ellas se refiere a la pintura utilizada para la señalética vial.
Según los señalamientos recibidos, algunas marcas ya presentan desgaste antes de que comiencen las lluvias de temporada.
Si esto es correcto, la pregunta no debería ser solamente quién compró la pintura, sino cuánto costó, qué características tenía y quién supervisó los trabajos.
Y hay otro caso que ha generado comentarios: la bandera monumental instalada en Tuxpan.
Se señala que tuvo un costo aproximado de 80 mil pesos y que sufrió daños por problemas relacionados con el mantenimiento de la asta bandera eléctrica.
También se cuestiona que la nueva bandera no tenga las mismas dimensiones o presencia que la anterior.
Aquí nuevamente lo procedente es revisar documentos.
¿Cuánto costó?
¿Quién la adquirió?
¿Qué empresa la suministró?
¿Existía un contrato de mantenimiento?
¿Quién era responsable del manejo del mecanismo?
Porque si hubo un error de operación o mantenimiento, el ciudadano tiene derecho a saber quién asumirá el costo.
Y si hubo que comprar una nueva bandera con recursos públicos, también debe existir una explicación.
El dinero público no tiene apellido
Aquí llegamos al punto fundamental.
El dinero del Ayuntamiento no pertenece al alcalde.
No pertenece a los funcionarios.
No pertenece a ningún partido político.
Es dinero de los tuxpeños.
Por eso cada peso gastado debe responder a una necesidad pública y estar debidamente justificado.
Si se gastan 80 mil pesos en una bandera, debe existir una explicación transparente.
Si se contratan servicios de fotografía, video y drones, también.
Si se pinta la señalética vial, debe saberse cuánto costó y bajo qué especificaciones.
Y si se contrata personal, deben prevalecer la capacidad y el servicio público por encima de las amistades.
Porque finalmente el ciudadano paga la cuenta.
Como diría Pancho López:
“Cuando el dinero es del pueblo, hasta el último peso debería saber dónde quedó… porque para equivocarse también cobran, pero nunca pagan de su bolsillo.”
Daniel Cortina todavía tiene tiempo para demostrar que las críticas son injustificadas.
Pero para hacerlo no necesita más fotografías.
Necesita resultados.
Y, sobre todo, un proyecto de gobierno que pueda verse en las calles y sentirse en la vida cotidiana de los tuxpeños.
Porque gobernar una ciudad no es parecer un emperador.
Es servir a quienes pagaron la corona.








