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Agencia Reforma

Culiacán, Sinaloa 2 mayo 2026.- Era insostenible.

Desde el miércoles, cuando se reveló la acusación en contra de Rubén Rocha Moya, en la capital sinaloense se respiraba un ambiente de incertidumbre. En los corrillos políticos, pero también en las pláticas de café.

Rocha Moya tuvo el jueves arrestos para viajar a Navolato y entregar “apoyos” a campesinos. En el templete, se quejó de que Sinaloa hubiese sido “estigmatizada”.

Muchos daban por supuesto que la 4T lo iba a cobijar. Él mismo aparentaba que saldría de este trance, aunque arrastrara un descrédito sin remedio.

Su hija, Eneyda Rocha Ruiz, se había placeado despreocupada el jueves en la inmensa explanada de Palacio de Gobierno en el festejo del Día del Niño, organizado por el DIF estatal, a cargo de ella

“Es mi papá: confío en él”, expresó.

Antes de que saliera a cuadro para anunciar lo que muchos veían venir, Rubén Rocha desahogó sus dos últimos actos como Gobernador en su despacho de Palacio de Gobierno: un acuerdo con la dirigencia del sindicato de trabajadores del estado para conceder un aumento salarial de 10 por ciento a los burócratas.

Él mismo se encargó de difundir en X, minutos más tarde, una promesa para bajar la tarifa de luz a sus paisanos.

Ya no se le vio más. Se metía en un túnel del que ya no iba a poder salir.