¿VAMOS BIEN?

¿VAMOS BIEN?
Pedro Peñaloza
“La verdad
puede ser eclipsada, pero nunca se extingue”.
Titio Livio
Tuvieron que asesinar a dos sacerdotes jesuitas,
Javier Campos, Joaquín Mora y al guía de turistas Pedro Palma, el pasado 20 de
junio, para reanudar el debate de la crisis en la seguridad pública nacional y
la pésima estrategia. Por cierto, habría que recordar que en los últimos tres
sexenios han sido asesinados cincuenta sacerdotes católicos, siete de ellos en
lo que va del periodo de López Obrador. Además, sin olvidar secuestros, robos,
torturas, diversas amenazas y extorsiones sufridas por los clérigos, como la ha
reportado ya Proceso (No.2382).
Frente a los asesinatos en el templo de la sierra
Tarahumara, los representantes religiosos han planteado directamente al
presidente que “revise” sus acciones frente a la delincuencia. En Palacio
Nacional, no sólo les ha respondido que no cambiarán su política, si no que
incluso AMLO los ha interpelado, acusándolos de que estuvieran “callados en las
pasadas administraciones”.
La lógica repetida de AMLO es muy sencilla, a los
cuestionamientos de su ineficacia siempre responde con insultos a las voces
críticas. El fundamentalismo en el discurso del tabasqueño es el pilar de un
gobierno que no ve más allá de su ombligo. Para el tabasqueño no hay otra ruta
para enfrentar la criminalidad que su verdad. Incluso las cifras oficiales
muestran el fracaso de su gobierno. Pero no importa. La palabra del presidente
es lo único que importa, aunque riñan con la realidad.
Es un discurso demagógico afirmar que sus políticas
combaten “las causas del delito”, ya que criminológicamente no tienen ningún
sustento. Al menos que se crea que otorgarles una beca a miles de jóvenes la
aleja de los múltiples procesos de descomposición social y de la creciente
polarización comunitaria. El presidente no toma en cuenta, ni le importa que
“las causas de la criminalidad” son caleidoscópicas y no son únicamente de
carácter económico. Esa visión es antigua, y determinista, dicha política
convierte a los pobres en potenciales criminales, lo cual es una postura que
nada tiene que ver con la dinámica social.
En síntesis: el presidente defiende una visión que
únicamente favorece a que el país siga bañado en sangre y que un sector del
narcotráfico actúe con protección oficial e impunidad evidente. Nada cambiará
en los dos próximos años, ni el siguiente sexenio, al menos que se construya un
poderoso bloque de los movimientos que no están prisioneros del control
gubernamental y se presente una fractura sustancial en Morena. Esos dos
elementos podrían ayudar a dar un giro a la ruta del suicidio colectivo al que
nos ha conducido AMLO. Quizá.
pedropenaloza@yahoo.com/ Twitter:@pedro_penaloz
