WOZNIAK: REFLEXIONES SOBRE LA PC, SMARTPHONES E IA

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Agencia Reforma

San Francisco, EU 29 abril 2026.- Steve Wozniak, cofundador de Apple y una de las figuras clave en el desarrollo del cómputo personal, asistió este miércoles al tercer día de actividades del Dreame Next 2026, evento de la empresa china enfocado en innovación y develación de productos.

Dentro del centro de exposiciones del Palacio de Bellas Artes de San Francisco, California, el conferencista de 75 años fue recibido como un rockstar, con fotos, vítores y saludos por parte del público, conformado en su mayoría por empleados chinos de Dreame.

En el encuentro, el ingeniero reflexionó sobre la curiosidad de tener una computadora para diseñar sus propios programas, un sueño casi imposible porque, según su padre, una computadora tenía un costo equivalente al de una casa.

“Cuando llegó ese día (tener una computadora) fue algo realmente valioso. En el pasado, mucha gente hablaba de cómo cambiaría la sociedad una vez que tuviéramos nuestros propios ordenadores, y eso me inspiró”, compartió.

Antes de que los microprocesadores llegaran al mercado, construyó una computadora con interruptores, palancas y luces, una máquina sin posibilidad de uso para quien no tuviera conocimientos técnicos.

Más adelante se planteó cómo hacer el cómputo accesible y diseñó un terminal de video, cuyo resultado fue un teclado conectado a un televisor para acceder a la ARPANET.

La ARPANET, precursora de internet, enlazaba en ese momento seis universidades en Estados Unidos. En su charla, mencionó que el teclado de aquel sistema tuvo un costo equivalente a 600 dólares actuales.

“Utilicé mi televisor porque tenía los conocimientos técnicos suficientes como para saber qué señales había que enviar para que se mostraran las palabras del ordenador.

“Ya había diseñado varios videojuegos, incluido uno llamado Breakout, para Atari, así que sabía cómo utilizar la salida de video del televisor”, indicó.

Presentó ese desarrollo en un club de aproximadamente 250 personas que sostenían que las computadoras personales transformarían el mundo. Su propuesta fue la que más destacó.

Señaló que Steve Jobs no era asistente habitual del club, mientras que él estuvo presente desde el inicio. Jobs, dijo, era un artista con sentido de los negocios, no un tecnólogo de base.

Wozniak distribuyó sus diseños sin costo, en dominio público (open source), para que otros pudieran construir sus propias computadoras y contribuir al inicio del movimiento del cómputo personal.

Empresas como Hewlett-Packard, donde trabajaba en ese momento en la década de los 70, rechazaron el proyecto en cinco ocasiones. Ninguna compañía establecida creyó que tuviera futuro comercial.

En esta reflexión, Wozniak aludió a cómo el cómputo no ha hecho más que amplificarse y evolucionar. Como ejemplo, dijo que una canción en una memoria habría costado cerca de un millón de dólares en aquellos años y que hoy un chip puede contener hasta 500 películas.

Atribuyó esa transformación a la Ley de Moore, principio que establece que la capacidad de cómputo se duplica aproximadamente cada dos años. Aunque nunca supieron cuál sería el siguiente avance, confiaban en que los pasos en la dirección correcta producirían resultados con el tiempo.

Sin embargo, planteó una advertencia, los transistores en los chips de silicio ya se miden a escala atómica y nadie sabe con certeza qué ocurrirá cuando se alcancen los límites físicos de la miniaturización.

Entonces, si la tecnología se ha vuelto más compacta, al grado de que los teléfonos son cada vez más potentes y delgados, ¿desaparecerán algún día? A esta pregunta respondió con un no argumentado.

“No lo creo realmente. No suelo verlo así porque, si observas los automóviles, durante aproximadamente ciento cincuenta años han mantenido más o menos el mismo diseño, cuatro ruedas y un compartimento que se utiliza para las cosas de la vida cotidiana.

“En realidad, no han tenido que cambiar mucho. Se alcanza una especie de meseta de mejoras incrementales y el diseño se mantiene durante mucho tiempo. Algo similar ocurrirá con los dispositivos de cómputo portátiles”, comentó.

Subrayó la importancia de continuar con pasos probados, en lugar de esperar que un solo avance resuelva el problema. Según su perspectiva, el rumbo de los teléfonos será hacia dispositivos muy inteligentes, pero dentro del factor de forma actual.

La inteligencia en los teléfonos se traduce en llevar una máquina potente capaz de alojar modelos de inteligencia artificial (IA) a todas partes. Sobre este punto expresó escepticismo.

Si bien reconoció que incrementa las capacidades humanas en aspectos como la generación de ideas o la redacción de documentos, alertó que deben existir límites en la confianza depositada en esta tecnología.

Expuso que la IA produce información falsa con fluidez, sin señales evidentes de error, lo que lleva a las personas a creerla incluso cuando se equivoca.

También advirtió sobre su uso por parte de personas con intenciones de fraude, quienes cuentan con herramientas que hacen sus ataques más convincentes.

Sostuvo que la IA no tiene corazón, emociones, conciencia ni experiencia humana y, a pesar de que puede simular esas cualidades, no las posee, tema que lo llevó a desacreditar la inteligencia artificial general (IAG).

Tras regresar a la universidad como estudiante de psicología, diez años después de su primer año en ingeniería, intentó comprender cómo funciona realmente el cerebro humano, idea que la IAG busca replicar.

Su conclusión fue que aún es difícil comprender el cerebro, pues la neurociencia ha logrado mapear algunas partes, pero no el conjunto.

A todo esto añadió una ironía, el único método comprobado de forma fiable para construir un cerebro toma nueve meses, una broma sobre la reproducción humana.

Al final planteó una distopía, si la IAG llegara a ser verdaderamente consciente, los humanos podrían terminar como mascotas, cuidados y sin necesidad de trabajar. Esa idea, dijo en tono de broma, lo llevó a tratar mejor a sus perros.