
YA NO MÁS VIOLENCIA, NI GUERRAS
Pbro. Juan Beristain de los Santos
La confesión de fe que Pedro hace a Jesucristo como el Hijo de Dios, es
para todos los cristianos una llamada de esperanza en medio de tanta violencia
y guerra que se vive en muchas partes del mundo. Cada ciudadano debe recordar
siempre que la guerra, la fuerza irracional y la militarización de la sociedad engendran más violencia y muerte en la
sociedad. Cada ciudadano y cada cristiano deben rechazar abiertamente la
tentación de usar la fuerza, la violencia y la guerra como caminos para
solucionar las problemáticas que se viven a nivel nacional e internacional. Hoy
más que nunca México necesita ciudadanos conscientes de que una de sus tareas
fundamentales es promover la justicia y la paz en todos los niveles de vida.
La confesión de Pedro es una llamada luminosa para que los ciudadanos
se llenen de fuerza y alegría al encontrar en Jesucristo, el Señor, un camino
seguro para crear las condiciones para la paz y la justicia, que tanto necesitan los ciudadanos. Ninguna situación
difícil ni problemática alguna deben desanimar a cada ciudadano para mantenerse
unidos en una sociedad indiferente y carente
de los grandes ideales de unidad y de justicia. No se debe permitir, bajo ninguna circunstancia,
que haya más discursos de violencia y polarización entre los mexicanos y
veracruzanos.
La confesión de Pedro en la divinidad de Cristo es también un
compromiso para los cristianos que deben ser discípulos misioneros en la construcción de la paz y de la justicia. La profesión de fe de Pedro a Jesucristo permite a todos los
cristianos aprender del Hijo de Dios la compasión entrañable ante el dolor
humano por tanta violencia e inseguridad presentes todavía en México, la cercanía a los pobres y a los
desvalidos que han sido excluidos del desarrollo del que gozan unos cuantos en
nuestra patria y la fidelidad a la misión encomendada de ser promotores de
justicia y de paz en una sociedad donde continúa reinando la violencia y
discursos que mueven a la desunión y a la rivalidad. En México cada ciudadano
puede ser una gran riqueza para construir nuevas condiciones reales de una vida
digna para todos.