Los recién casados andaban desatados echando porras en el Congreso Charro de San Luis Potosí, pero la suerte les dio la espalda feo.
¡Menudo coraje se tuvieron que tragar los tortolitos del momento! Christian Nodal y Angela Aguilar agarraron la fiesta en grande y se dejaron ver bien abrazaditos en las tribunas del Congreso Charro que se armó con todo en San Luis Potosí. Los enamorados andaban con la garganta deshecha de tanto gritar para apoyar con todo la escuadra de la familia Aguilar, demostrando que en el amor y en la charrería van juntos para todos lados.
La parejita del año no dejaba de sonreír, echar porra y chiflar cada vez que los jinetes salían al ruedo a jugarse el pellejo. La nieta de Flor Silvestre andaba orgullosísima presumiendo a su maridito en pleno evento vaquero, mientras que al cantante de regional mexicano se le veía fascinado aplaudiendo cada suerte charra. Parecía que la suerte estaba de su lado y que la dinastía Aguilar se llevaría el trofeo mayor a su casa sin despeinarse.
Sin embargo, como bien dicen en el pueblo, al mejor cazador se le va la liebre y la alegría les duró lo que dura un suspirito. Cuando todo era fiesta, risas y fotos para el recuerdo, la competencia se puso pesada y la tensión en el lienzo charro se podía cortar hasta con tijeras. Nadie se esperaba el agarrón que se iba a armar en los momentos finales del torneo nacional.
Resulta ser que el equipo estrella del mismísimo Pepe Aguilar, el mentado “El Soyate”, terminó mordiendo el polvo de la manera más gacha. Toda la porra del clan Aguilar se quedó helada al ver cómo se les escurría de las manos el primerísimo lugar por culpa del rendimiento aplastante de sus rivales directos. El golpe dolíó feo porque todos ya cantaban la victoria en el estadio.
Los meros meros que llegaron a tumbarles el teatrote y desbancarlos sin piedad fueron los muchachos del equipo RG2. Estos jinetes venían filosos, no perdonaron ni un solo error y se terminaron coronando como los absolutos campeones del certamen, dejando a la familia de Angela con las ganas de levantar la copa y presumiendo el trofeo frente a todos los asistentes.
A la hija de Pepe Aguilar y a su flamante esposo no les quedó de otra más que apechugar el berrinche, guardar los sombreros y aplaudirles a los rivales con cara de pocos amigos.







