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Brauer al horno

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El viernes pasado Héctor Brauer se desmaterializó ante un ardiente horno, se vio rodeado de sombreros de cuatro pedradas que le impusieron con su presencia.

 

Él, esgrimió un cuchillito, pequeño y deforme arremetiendo contra las suelas. Lo rodeaban y no eran pocos los tíos y además seguía llegando y llegando su pandilla; toda la banda, pues. Pero no bastó, también mujeres y hasta una madrecita, ahí chiquita con su cría en ristre, seno en boca: y sobrevivió.

 

Sobrevivió animado por las jaranas en tan cálido ambiente que hasta la madre que amamantaba, lo hacía rascando su jarana y hasta cantaba al mismo tiempo… ¡Qué fandango señores, que fandangazo! …Es lo habitual.

 

Me pregunto si el italiano no habrá quemado dos que tres de sus muy ricas pizzas ante la algarabía típica de nuestra tierras y el ánimo coatepecano que imperaban mientras el cuchillito, bien llamado gubia, se encajaba feroz en la suela, rasgo y rasgo, al son que  le tocaran, en la vanidad absoluta del creador que deja a la mano bailar mientras otras suelas afortunadas golpetean al ritmo de todos los corazones ahí encuerados.

 

Así, Brauer expone su obra en una pizzería por las calles de Zamora: haciendo arte mientras el arte del horno y la jarana le calentaron los brazos, las gubias y la pasión.

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