COMUNICACIÓN EFECTIVA: LO QUE DECIMOS… Y LO QUE NO DECIMOS

DARY LUZ ANDRADE INNOVACIÓN EDUCATIVA
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COMUNICACIÓN EFECTIVA: LO QUE DECIMOS… Y LO QUE NO DECIMOS

Colaboración especial para El Regional

Dra. Daryluz Andrade Sánchez

Alta Dirección

Innovación educativa

 

Comunicarse no es simplemente hablar. Todos los días nos expresamos con palabras, gestos, miradas y silencios, pero no siempre logramos transmitir lo que verdaderamente pensamos o sentimos. De eso trata la comunicación efectiva: de lograr que el mensaje llegue claro, respetuoso y coherente tanto en el fondo como en la forma.

Un mensaje puede estar bien construido verbalmente, pero si va acompañado de un tono brusco, evasión visual o gestos contradictorios, su impacto disminuye. Por eso, para comunicarnos de manera efectiva no basta con cuidar lo que decimos; también es fundamental cómo lo decimos, y esto incluye el lenguaje no verbal.

Lenguaje verbal: el poder de las palabras

El lenguaje verbal se refiere a lo que expresamos con palabras habladas o escritas. Aquí influye el vocabulario, el tono, el ritmo, la claridad de ideas y la manera en que estructuramos el mensaje. Usar palabras precisas, un tono amable y frases bien organizadas ayuda a generar confianza y comprensión.

Por ejemplo, no es lo mismo decir:

– “¿Por qué no lo hiciste bien?” que

– “¿Hubo algo que te impidió hacerlo como esperabas?”

En ambos casos se hace una pregunta, pero el enfoque cambia totalmente la forma en que será recibido.

Lenguaje no verbal: lo que el cuerpo revela

El lenguaje no verbal abarca todo lo que comunicamos sin palabras: expresiones faciales, postura, tono de voz, movimientos, distancia física e incluso el silencio.

De hecho, en comunicación, se estima que aproximadamente el 93% del impacto de un mensaje proviene de elementos no verbales, mientras que solo el 7% se debe a las palabras que utilizamos. Dentro de ese 93%, un 55% se relaciona con el lenguaje corporal (gestos, posturas, expresiones faciales, etc.) y un 38% con el tono de voz y la forma en que se dicen las cosas, según los estudios del psicólogo Albert Mehrabian.

¿Cómo utilizar el lenguaje no verbal a nuestro favor?

            •          Contacto visual: Mirar a los ojos (sin incomodar) transmite atención y honestidad. Evadir la mirada puede interpretarse como desinterés o desconfianza.

            •          Expresión facial congruente: Una sonrisa genuina al saludar refuerza la cordialidad. En cambio, decir algo amable con cara seria o tensa puede causar confusión.

            •          Postura corporal: Una postura erguida pero relajada comunica seguridad y disposición. Estar encorvado o con los brazos cruzados puede reflejar tensión o rechazo.

            •          Gestos con las manos: Usarlos con naturalidad refuerza las ideas. Pero si son exagerados o amenazantes (como señalar), pueden interpretarse como agresivos.

            •          Tono y ritmo de voz: Hablar demasiado rápido o muy bajo puede generar ansiedad o desinterés en quien escucha. La voz firme, clara y pausada mejora la comprensión.

            •          Distancia personal: Respetar el espacio físico del otro favorece la comodidad. Acercarse demasiado puede intimidar, sobre todo en contextos formales o con personas poco conocidas.

Leer lo que no se dice

Observar el lenguaje corporal de los demás nos permite captar emociones o intenciones que las palabras no revelan. Si alguien dice “sí” pero su rostro muestra duda, o afirma estar bien pero tiene los hombros caídos y la mirada baja, probablemente hay un malestar que no se está expresando abiertamente.

En un aula, por ejemplo, un estudiante puede decir que entendió, pero su expresión facial o postura corporal pueden indicar lo contrario. Detectar esto nos permite actuar con empatía y ajustar nuestra manera de comunicarnos.

En conclusión

La comunicación efectiva se construye con conciencia, congruencia y sensibilidad. No se trata solo de decir las cosas correctamente, sino de lograr que nuestro lenguaje verbal y no verbal estén alineados.

Al final, como bien lo demuestran las investigaciones, el cuerpo también habla, y muchas veces, con más claridad que las palabras.