COMUNICADOS SIN FIRMA: EL SÍNTOMA DE UNA UV DEBILITADA
El Regional Coatepec 9 de septiembre de 2025
COMUNICADOS SIN FIRMA: EL SÍNTOMA DE UNA UV DEBILITADA
En política y en las
instituciones, las formas importan tanto como el fondo. Un comunicado sin firma
no es una simple omisión burocrática: es un acto que desnuda la fragilidad de
una institución que, en lugar de hablar con voz clara y responsable, prefiere
el susurro anónimo, la evasiva y la simulación. Y eso es exactamente lo que
ocurre hoy en la Universidad Veracruzana.
En las últimas
semanas hemos visto circular documentos que pretenden “representar” la postura
de la máxima casa de estudios frente al espinoso tema de la prórroga del
rector. Ahí está el comunicado atribuido a la Facultad de Derecho, fechado el 1
de septiembre, que “desmiente” los pronunciamientos en contra de dicha
prórroga. Sin embargo, ese papel no lleva la firma de ningún director, consejo
técnico o autoridad académica. ¿Cómo puede la comunidad universitaria tomar en
serio un mensaje que no se atreve a asumir autoría?
Lo mismo ocurre con
la llamada publicación de la “Oficina del Abogado General”, que apareció sin la
rúbrica de la titular. En un asunto estrictamente jurídico, donde la abogada
general debería conducir con claridad y responsabilidad el posicionamiento
institucional, lo único que aparece es un comunicado fantasma, impersonal, sin
rostro. La omisión no es casual: es un acto de negación de la propia
responsabilidad.
Que un comunicado
institucional circule sin firma es tan grave como dejar las puertas de una
bóveda abiertas. Cualquiera podría redactar un texto, colgarle un membrete y
hacerlo pasar como oficial. Esa ambigüedad erosiona la confianza, mina la
credibilidad y revela que quienes deberían dar la cara prefieren esconderse
detrás de un sello sin dueño.
El mensaje es claro:
las autoridades universitarias, lejos de defender con argumentos sólidos la
legalidad de la prórroga, optan por la simulación. Si de verdad la Facultad de
Derecho sostiene esa postura, que lo hagan formalmente, con la firma de sus
autoridades. Si la Abogada General considera válido el proceso, que se
pronuncie públicamente y asuma su papel. Pero lo que vemos son papeles
huérfanos, mensajes acéfalos y una estrategia de evasión.
Todavía más
preocupante es enterarse de que la Junta de Gobierno ha presentado quejas para
frenar los amparos interpuestos contra la prórroga del rector. En lugar de
permitir que los procesos sigan su curso natural, buscan retrasar la decisión
judicial. ¿A qué le temen? Si están convencidos de que la prórroga es legal, lo
lógico sería esperar con tranquilidad la resolución.
Lo que estos
movimientos revelan es otra cosa: que la Junta de Gobierno no actúa en defensa
de la institución ni de la comunidad universitaria, sino para proteger
intereses particulares, quizá los del propio rector. La paradoja es grotesca:
una universidad que debería ser ejemplo de transparencia, legalidad y debate
abierto, se esconde detrás de comunicados sin autor y de maniobras dilatorias.
Las instituciones no
se sostienen por la fuerza de sus muros ni por la solemnidad de sus sellos,
sino por la confianza de la comunidad a la que sirven. Cuando la Universidad Veracruzana
recurre al anonimato y a la opacidad, lo que erosiona no es sólo su
credibilidad, sino su propia legitimidad.
Una universidad
pública, financiada con recursos de todos, no puede permitirse el lujo de
hablar en voz baja ni de esconder firmas. Tiene la obligación de transparentar
sus decisiones, de asumir con rostro y nombre cada posicionamiento y de rendir
cuentas a estudiantes, académicos y sociedad. Todo lo demás es simulación, y la
simulación es el camino más corto hacia la descomposición institucional.
Ante este panorama,
la comunidad universitaria y la sociedad veracruzana no pueden permanecer en
silencio. Es hora de exigir:
Comunicados firmados
por las autoridades responsables, que otorguen validez y asuman consecuencias.
Respeto irrestricto
al proceso de amparo, sin maniobras dilatorias ni obstáculos al derecho de los
ciudadanos a buscar justicia.
Honestidad
institucional por parte de la Junta de Gobierno, que no representa intereses
personales, sino la voluntad y la confianza de toda la comunidad universitaria.
La Universidad
Veracruzana merece más que silencios firmados por nadie. Merece transparencia,
diálogo y respeto al marco legal que la rige. Quien encabeza un cargo público,
quien firma como autoridad académica, no tiene el derecho de callar cuando la
institución atraviesa un conflicto tan delicado. Guardar silencio o esconderse
detrás del anonimato no es neutralidad: es complicidad.
La UV no puede
seguir transitando por la ruta de los comunicados sin firma, de las maniobras
jurídicas oscuras y de la simulación institucional. Si de verdad quiere
preservar su prestigio, debe volver a hablar con voz clara, responsable y
valiente. Porque lo que está en juego no es sólo la legitimidad de una
prórroga, sino la credibilidad de una de las instituciones más importantes de
Veracruz.
Y cuando una
universidad pierde credibilidad, pierde también su razón de ser.