FILOSOFIA PARA HORIZONTAL
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Dos bandos.

Dos batallas sucediendo al mismo tiempo.

Por Jennifer Rodríguez Pacheco

Una tenía lugar dentro del Estadio Azteca. Dos equipos se enfrentaban por la victoria frente a miles de aficionados. Gritos de ovación y euforia, y millones de televidentes presenciaban un momento histórico. México ganó el partido inaugural del Mundial 2026 y la gente festejó sin impedimento, a pesar de las circunstancias que acontecían durante los días previos.

La otra ocurría fuera del estadio. No era un enfrentamiento contra Sudáfrica, sino contra una realidad que persiste en nuestro mismo país. Con consignas de exigencia y enojo, reclamos de justicia, miles de personas también fueron conscientes de esta batalla contra el gobierno de México. Los colectivos de familiares de personas aprovecharon la atención generada por el Mundial para visibilizar una problemática que continúa sin resolverse.

Dos escenarios distintos, con emociones opuestas. Mientras unos celebran goles, otros recuerdan ausencias. Dos realidades sucediendo de forma paralela.

El Mundial está en el foco de nuestra atención. Sin embargo, la opinión también se divide. Están quienes viven la pasión del futbol y celebran que México sea sede o que haya ganado el partido. También están quienes se oponen al Mundial al considerar que existen problemas más urgentes que atender.

Las tensiones políticas, sociales o incluso bélicas durante grandes eventos deportivos no son algo nuevo. Existen ejemplos históricos que presentan la misma situación. Previo a la Segunda Guerra Mundial también estaban en escena las incomodidades de los regímenes totalitarios en Europa de la década de 1930. El futbol tuvo que pausarse poco después de la Segunda Guerra Mundial por la devastación que había ocasionado, pues se trataba de una situación en crisis, en donde si no había mundo, tampoco habría Copas.

Otro ejemplo fue México en 1968. Los Juegos Olímpicos se preparaban bajo la sombra de la matanza de Tlatelolco. Hoy, en 2026, vuelve a demostrar que el país es capaz de organizar megaeventos, aunque socialmente el país se esté desmoronando.

El interés deportivo y las tensiones políticas son asuntos que no se separan, sino que uno se sirve del foco de atención del otro. Ambas esferas compiten por la atención pública. Los grandes eventos deportivos concentran durante semanas la mirada de millones de personas, de los medios de comunicación y de los gobiernos. Precisamente por eso, se convierten también en escenarios privilegiados para la expresión política.

Ayer México ganó en la cancha, pero fuera de esta, la batalla continúa.

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