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Desmadres del morenavirus

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Desmadres del morenavirus

Por Edgar Hernández*

En Veracruz, quinto lugar en pandemia por Covid-19, se perdió la brújula.

De pronto las cifras se detuvieron en cinco mil 400 muertes y se dejó de entenderse el criterio en la semaforización.

Xalapa se cierra y no se cierra; Veracruz regresa al amarillo, en espera de ir al rojo; en Poza Rica ya nadie hizo caso; en las zonas serranas la gente dejó de usar el tapabocas; en las altas montañas cada quien hace lo que se le da su regalada gana, y en el sur de la entidad, acaso la región de más alta incidencia por contagio, está por decidirse si se queda en amarillo, se van al verde o de plano se instalan en el rojo.

¿Por qué tanto desmadre?

En que momento dejó de atenderse con seriedad y profesionalismo esta oleada de muerte cuando a nivel mundial estamos colocados en el último lugar de atención a la pandemia y Veracruz en quinto a nivel república.

¿Qué pasó con la actualización diaria que nos daba, aunque fuera de manera tramposa, el secretario de Salud, Roberto Ramos Alor?

¿De verdad se sabe cuantos muertos ha provocado el coronavirus? ¿Son los 39 mil 372 los contagiados que asegura desde hace semanas el gobierno del estado y 5 mil 514 los muertos?

“Si tienes dificultad para respirar llama al (800) 012 3456”, dice la publicidad sanitaria de la Secretaría de salud. Este ocioso columnista dedicó parte de la tarde de ayer a llamar y volver a llamar a un inexistente número que ni siquiera timbra.

¡Es puro show!

A la par la economía en la entidad quedó por los suelos con el valiente consuelo de que con mil pesos alcanza para que coman 15 días dos personas, según el Secretario de Desarrollo Social del gobierno del estado, Guillermo Fernández Sánchez, quien pone cada semana dos mil pesos de gasolina a su auto Mercedes Benz, con el que sale a pasear los fines de semana con su familia.

En él, como en el gobierno todo, la imbecilidad es una virtud.

En paralelo, datos de la Secretaría de Desarrollo Económico, SEDECOP, dan cuenta del desplome de la economía por los efectos del COVID-19, en los que simplemente se confirma que se cayó la economía.

Se vino abajo el empleo.

El pequeño y mediano comercio y servicios cerraron sus puertas, al igual que los negocios de barrio y la industria de la construcción que se ubica como la más golpeada.

Falso que se esté apoyando a pequeñas empresas, a taxistas, a músicos y gente de teatro como se presume. Ello queda de manifiesto en las repetidas protestas y reclamos frente a Palacio de Gobierno.

Es solo un esquinazo eso de que restaurantes y salones de belleza estén recibiendo igualas o apoyos mensuales.

Inexacto y difícil de comprobar los dichos de las autoridades de que están entregando apoyos a las regiones de la Huasteca alta, baja, Totonacapan y en todas las regiones del Estado, ya que cuando entra un beneficio de inmediato se percibe y traduce en la reactivación de la economía y el bienestar de las familias.

¿Por qué no han bajado los índices de hambruna que marca el Coneval que cubre a 2.7 millones de veracruzanos?, pues simple y sencillamente porque no hay un solo programa que atienda esta injusticia social.

Y por el lado de la inseguridad los problemas siguen recrudecidos por el incremento de los crímenes de odio, los feminicidios.

¡Ah!., pero ¿qué decir de la corrupción y en nepotismo? Pues, por ahí, usted habrá de disculpar, pero la pura vida, ¡en jauja!

El 6 de junio del 2021 ya otea en el horizonte.

Tiempo al tiempo.