maestra
Comparte

DESPRECIO A LA DOCENCIA

LRené Sánchez García

Recuerdo perfectamente que era día viernes de fin de mes, me encontraba disfrutando de un rico café lechero en uno de los nuevos establecimientos del centro de este pueblo mágico coatepecano, bastante alegre por haber comprobado, minutos antes, que me habían depositado mi pensión correspondiente. Sentado allí pude notar que en la mesa siguiente tomaron lugar dos damas, mismas que entablaron una plática, disfrutando de un desayuno ligero. El saludo entre ambas fue lo primero, después de cómo estaban de salud ambas familias, así como otros asuntos demasiado comunes.

No pasaron ni diez minutos, cuando la dama de vestido verde, mencionó algo que llamó mi atención, pues los comentarios tenían que ver con la profesión de ser docente. Palabras más, palabras menos, ella mencionó su decepción total de cómo fueron distribuidos los lugares de quienes presentaron el Examen General de Ingreso a la Docencia de la Educación Básica en la SEP/SEV. Resulta que la molestia o el enojo de la señora se debía a que sus dos hijos, mismos que resultaron seleccionados con plaza de docente, no quedaron ubicados en un mismo lugar, pese a los buenos puntajes obtenidos.

Pues bien, su hija Diana (egresada excelente del Tecnológico de Xalapa) y su hijo Daniel (egresado de Derecho en la UV), después de haberse preparado para este Examen General de Ingreso a la Docencia, mediante cursos en línea y haber competido con cerca de 1500 aspirantes a una plaza, fueron ubicados en lugares geográficos distintos y del poco agrado de la familia. Ella, en una escuela primaria en una localidad rural del municipio de Naranjos (al norte del Estado) y el hijo en una escuela primaria en una comunidad indígena Nahua, ubicada muy cerca de Quimixtlán en el municipio de Orizaba.

La señora madre comentó a su amiga, que aparte de haber sido ubicados en lugares distintos, se enteraron de los raquíticos sueldos que percibirían sus hijos al mes, cantidad que oscila entre los 7 y 8 mil pesos mensuales, mismos que no solucionan su estancia, sus alimentos y gastos personales. Pero lo más triste es que: “mis hijos sólo irían a su sufrir y a convivir con gente fea de esos lugares peligrosos, trabajando con niños, hijos de padres pobres y analfabetos que no les interesa nunca progresar en la vida”. Por ello, dice la señora de verde, es mejor que se sigan preparando profesionalmente con alguna Especialidad o Maestría.

Algún empleado de dicho café se le ocurrió poner música de sones jarochos para amenizar el ambiente, lo que me impidió parar oreja para seguir escuchando este desprecio por la docencia en la educación básica. Finalmente, sólo logré captar algunas palabras de su amiga acompañante, la señora de blusa blanca, quien en todo momento apoyó en la decisión tomada por su amiga de verde. Comentó en apoyo a su amiga, ¿qué sabe de muchos profesores y profesoras de jardín o de primaria que nunca progresaron en la vida y se conformaron con su “sueldito” y allí olvidados se pasaron sus treinta años de vida y todo para qué?

Salí molesto de ese café, ellas permanecieron en su interesante plática; caminando por las calles que conducen a mi hogar, reflexioné si esa señora de verde nunca valoró dentro de su vida escolar el esfuerzo, la dedicación y la entrega de todos y cada uno de sus profesores que la convirtieron en una persona de bien. Al igual me compadecí de la señora de blusa blanca por apoyar la decisión de su amiga, pues se nota que igual ella, nunca supo agradecer la labor titánica de los profesores y profesoras, en el hecho de trabajar a diario para convertir a los seres humanos en mentes pensantes.

sagare32@outlook.com