- Grupos parroquiales mantienen viva una tradición que convierte la devoción, el trabajo comunitario y el arte en patrimonio vivo de nuestro Pueblo Mágico
Coatepec, Veracruz, 6 de septiembre de 2026.– En Coatepec hay tradiciones que no necesitan ser explicadas: basta verlas para comprender que forman parte de la identidad de un pueblo. Este domingo, el patio del curato parroquial de San Jerónimo volvió a llenarse de colores, sacos de aserrín, trabajo y entusiasmo. Con ello, una señal inequívoca se hizo presente: la fiesta patronal de San Jerónimo ya comenzó.
Desde temprana hora, integrantes de los distintos grupos parroquiales participaron en el pintado del aserrín que será utilizado el próximo 29 de septiembre, cuando las calles del centro de Coatepec se transformen en un enorme lienzo para recibir las tradicionales alfombras ornamentales.

Pero detrás de cada color hay una historia.
Hay familias que aportan recursos; personas que dedican horas de trabajo; grupos que organizan, compran materiales, cargan, preparan y pintan. Es una tradición que se sostiene, en buena medida, gracias a la generosidad de quienes ponen sus propios recursos al servicio de una celebración que consideran parte esencial de su fe y de su identidad.
El próximo 29 de septiembre, la imagen de San Jerónimo, Santo Patrono de Coatepec, encabezará la procesión que recorrerá las calles adornadas con estas expresiones de arte efímero. Detrás de él avanzarán los tradicionales arcos ornamentales, otra de las manifestaciones que distinguen la celebración patronal.

Durante unas horas, el aserrín dejará de ser simplemente un material para convertirse en flores, grecas, símbolos religiosos y composiciones multicolores. Después, los pasos de la procesión harán desaparecer lentamente aquello que durante horas -y en ocasiones días- fue elaborado con paciencia.
Y quizá ahí se encuentre precisamente parte de su belleza: es un arte destinado a desaparecer, pero una tradición destinada a permanecer.
En tiempos en los que las ciudades cambian aceleradamente, Coatepec tiene ante sí un desafío y, al mismo tiempo, una enorme riqueza: crecer sin olvidar quién es.
La modernidad no tiene por qué significar el abandono de las tradiciones. Por el contrario, Coatepec demuestra que es posible proyectarse hacia el futuro conservando aquello que le da personalidad y sentido.
La arquitectura, el café, los jardines, la gastronomía, las expresiones religiosas, las fiestas populares, los arcos y las alfombras de aserrín forman parte de un mismo patrimonio: la memoria viva de nuestra comunidad.
Por eso, estas celebraciones tienen también un enorme potencial cultural y turístico. Quien llega a Coatepec no solamente encuentra un destino para visitar; encuentra una comunidad que conserva costumbres que todavía se viven y no solamente se exhiben.
Cuidar nuestras tradiciones significa ser celosos de ellas, protegerlas y evitar que pierdan su esencia. Pero ser celosos de nuestra cultura no significa cerrarnos al mundo. Al contrario: significa conservar aquello que somos para poder compartirlo con quienes nos visitan.
Que el visitante encuentre en Coatepec una ciudad orgullosa de su historia. Que pueda caminar por sus calles y descubrir que detrás de una alfombra de aserrín hay manos, familias, generaciones y una profunda devoción. Que pueda comprender que aquí la tradición no es una pieza de museo.
Este 6 de septiembre, mientras los grupos parroquiales pintaban los primeros sacos de aserrín, Coatepec comenzó nuevamente a preparar su gran encuentro con San Jerónimo. Y mientras los colores se mezclaban en el patio parroquial, también se mezclaban generaciones, esfuerzos y esperanzas. Porque una ciudad puede modernizarse sin dejar de ser ella misma.
Y Coatepec sabe que su mayor riqueza no está solamente en lo que tiene, sino en lo que ha sabido conservar.
San Jerónimo 2026 ya está en marcha.
Que se escuchen las campanas.
Que comiencen los preparativos.
Que se llenen de color nuestras calles.
Y que Coatepec vuelva a mostrar con orgullo al mundo aquello que le pertenece a todos: su fe, su arte y su tradición.
¡Que viva San Jerónimo!
¡Que viva Coatepec!







