
EL COLOFÓN DEL MILITARISMO
El poder ilimitado en manos de personas limitadas siempre lleva a la
crueldad.
Aleksandr Solzhenitsyn
Presurosos y
adoptando una pose cínica, los legisladores del bloque oficial han obedecido el
mandato. Aprobaron lo que se les ordenó. El formato fue el de siempre: el del
viejo PRI; nada de concesiones sustanciales; el planchazo como argumento;
ejercer una mayoría irracional, insulsa y vacía.
Uno de los
propósitos del periodo extraordinario fue construir un andamiaje que les
permitirá centralizar todas las decisiones para supuestamente encarar a la
delincuencia. Las entidades harán lo que se les ordene desde el centro, con la
amenaza explícita de que cualquier desacato implica quitarles los pocos
recursos. Ningún fortalecimiento a las policías locales. En el caso de los
estados gobernados por la 4T la docilidad es un hecho.
El otro propósito, y
más importante, fue concluir la disputa interna en el gabinete de seguridad.
Por un lado, las fuerzas castrenses no aceptaron compartir el poder con un
civil, por lo que dejaron a Harfuch sin policías y sólo le aumentaron la
estructura administrativa de la SSPC, de 35 a 70 puestos de mando. Ya con la
Guardia Nacional (GN) totalmente militarizada, la capacidad de reacción de la
Secretaría es nula y serán las fuerzas armadas quienes decidan cuándo y dónde
se enfrentarán a la delincuencia
En efecto, la
creación del Consejo Nacional de Inteligencia en Seguridad Pública tendrá los
datos personales, fiscales, biométricos y de geolocalización, pero la única
fuerza operativa la ejercerá la SEDENA y la SEMAR. Ahora la hegemonía castrense
se institucionalizó bajo un poder extraordinario.
Con la estructura
aprobada se deja a la presidenta Sheinbaum con poco margen en materia de
seguridad. Al menos que alguien crea que en las reuniones diarias de una hora
con el gabinete respectivo se puede tener claridad de lo que se tiene que hacer
frente a la complejidad delictiva nacional.
Ya sin simulaciones,
el país estará dominado por el militarismo, cuya influencia desde AMLO permeó
la mayoría de los circuitos del aparato estatal. Y, aunque la presidenta opina
que “la Guardia Nacional no es parte del ejército mexicano”, porque “…tiene su
sentido propio” (La Jornada, 1/07/25, p.3). En la operación diaria la
dominación militar, sumada a la GN, se ejercerá sin controles de ningún tipo.
Mientras en Palacio
se entregan a los militares, en la mayoría de las entidades la población sigue
atrapada por el miedo. Una mirada multidimensional y caleidoscópica ratifica el
fracaso del modelo punitivo-reactivo y la inconexión de las aspirinas sociales
con la fractura de la cohesión comunitaria, especialmente juvenil. Un ejemplo
pedagógico es Sinaloa.
@pedro_penaloz