EL LABORATORIO DEL AUTORITARISMO ELECTORAL
El Regional Coatepec 17 de septiembre de 2025
EL LABORATORIO DEL AUTORITARISMO ELECTORAL
Veracruz se ha
convertido en una suerte de laboratorio. Uno en el que se ensaya, a prueba y
error, el renacido autoritarismo electoral que, por obra y gracia de la
autoproclamada “cuarta transformación, nos han traído de vuelta al país tras tres
décadas de fallida transición a la democracia.
Lo que hemos visto en
las últimas semanas son tentativas para establecer fórmulas que lleven a revertir
resultados, despojar triunfos e imponer derrotas a la conveniencia de quien
tenga el poder, o de quien cuente con los recursos para disputarlo.
Eso es posible porque
las pocas instituciones que quedaron en pie tras el cataclismo obradorista son
débiles y fáciles de someter, gracias también a una sociedad fragmentada y
todavía bastante alienada por la propaganda y el clientelismo, misma que ha
permanecido pasiva frente a la destrucción sistemática de los contrapesos que
le dieron viabilidad a las diferentes alternancias políticas que hoy, con la
reforma electoral en puerta, están por convertirse casi en algo del pasado.
Lo ocurrido particularmente
en el municipio de Poza Rica es la confirmación de que el partido en el poder,
Morena, está dispuesto a arrebatar lo que no obtuvo en las urnas con toda clase
de trampas y artimañas, y que el voto popular es visto como un accesorio que
puede ser modificado en la mesa, en la bodega, de madrugada, en las sombras.
También, que la lucha
por el poder cada vez más será como solía ser en las épocas anteriores a la
transición: entre grupos antagónicos de una misma franja política. Porque aun
cuando contendió por Movimiento Ciudadano en la elección municipal de Poza Rica,
Emilio Olvera proviene de Morena, donde simplemente no fue elegido para la
candidatura porque es aliado del senador Manuel Huerta Ladrón de Guevara, el
principal adversario de la gobernadora Rocío Nahle y su cuadrilla. En realidad,
es más de lo mismo.
La debilidad e
inocuidad de lo que aún se considera como la oposición partidista está
convirtiendo las elecciones en una mera lucha entre facciones del mismo partido
gobernante, que usan los membretes de otros institutos políticos para promover
y sostener sus ambiciones, pero que no representan, en los hechos, nada realmente
diferente.
Mientras no se dé una
verdadera renovación, un relevo en las figuras y líderes opositores, esos
partidos dependerán de lo que puedan cachar –que cada vez será menos, porque
están desgastados como marcas ante el electorado- y se diluirán, hasta ser
meros satélites del partido hegemónico o de plano integrarse con éste. No se ve
que se estén dando pasos en la dirección que se necesitaría.
Junto con lo
anterior, tenemos organismos electorales que han dejado de ser –si alguna vez
lo fueron- árbitros medianamente confiables y que en cambio, responden en
función de los vaivenes de quienes se empoderan por un tiempo, durante el cual,
sin escrúpulo alguno, intentan pisotear la voluntad popular si ésta no les es favorable.
No como un accidente, sino como un método.
Lo que ocurre en Poza
Rica y Papantla –y a punto estuvo en Boca del Río- no es solo un problema
electoral. Es un síntoma de la erosión de la democracia que se aprecia ya con
bastante claridad y en la que en Veracruz se experimenta con vías a probarla a
nivel nacional.
Morena llegó al poder
con la promesa de limpiar el sistema. Hoy, lo ensucia con las mismas prácticas
que antes condenaba. Pasó del “voto por voto” al “voto robado”. De la “defensa
del pueblo” a la imposición de partido. Y Veracruz es el espejo donde esto se
refleja de manera diáfana.
Por cierto, ¿en
Movimiento Ciudadano habrán tomado nota de que jugar al “tonto útil” del
morenato no les garantiza nada?
El garrote autoritario de Martín
Arrinconado,
desprestigiado, necesitado de apoyos dentro y fuera de la institución, Martín
Aguilar Sánchez ya no sabe qué inventar para simular que todo está bien, que la
Universidad Veracruzana no está en crisis y que él es el único que puede
guiarla.
Pero lo que reflejan
sus actitudes y palabras es lo contrario. Porros que irrumpen en instalaciones
universitarias para arrancar de las paredes las manifestaciones de repudio en
su contra, acoso laboral a estudiantes, docentes y trabajadores para que se
sometan y no protesten. Y ahora, amenazas abiertas.
Durante el “show” de
la semana pasada en la zona universitaria, que se autodedicó para aparentar
apoyo de la comunidad, le salió la vena autoritaria a flor de piel: afirmó que
las acciones de los tres exrectores involucrados en el movimiento contra su
ilegal prórroga –como si fueran los únicos en oponerse- “ya rebasan la libertad
de expresión”.
¿Desde cuándo
disentir constituye una transgresión? Así el rector que dice que “defiende” los
“derechos humanos”. A ver hasta dónde es capaz de llegar. De lo que claramente
no es capaz, ni tiene autoridad alguna ya, es de encabezar a la Universidad
Veracruzana.
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