Ciudad de México, 10 de septiembre de 2026.- Casi tres décadas después de aquel título noventero que rozó el estatus de culto a pesar de sus tropiezos comerciales, el aquelarre cinematográfico más famoso de Hollywood vuelve a abrir sus puertas. Hechizo de Amor: la Magia Continúa aterriza en la cartelera con la promesa de desempolvar viejos sortilegios y ajustar cuentas con la maldición familiar que persigue al clan Owens, demostrando que algunos brebajes mejoran con los años.
Bajo la batuta de la experimentada directora Susanne Bier, esta secuela evita caer en el truco fácil de la nostalgia barata. La trama sitúa a una madura Sally (Sandra Bullock), renunciada al romance tras enterrar a dos esposos, y a una incombustible Gillian (Nicole Kidman) reunidas para festejar a la tía Jet (Dianne Wiest). El gran acierto de este nuevo hechizo radica en una fórmula transgeneracional que cede estafeta a las hijas de Sally —Antonia y Kylie— sin desplazar a sus icónicos rostros originales, replicando aquella exitosa jugada de relevo generacional vista en taquilleras secuelas contemporáneas para cautivar tanto a nostálgicos millennials como a nuevas audiencias.
Más allá de ciertos bemoles narrativos, como un metraje ligeramente excedido en veinte minutos y un cierre que pierde fuerza, el verdadero motor de la película reside en la química inquebrantable entre Bullock y Kidman. Su dinámica en pantalla destila complicidad, humor y la entrañable rivalidad propia de la hermandad. Al final, esta propuesta ligera y cumplidora defiende con orgullo su naturaleza palomera, recordando desde la butaca que aquí el término hechicera es sinónimo de seducción y magnetismo.







