El Sindicato de las Desmanchadoras de Café en el devenir histórico de Coatepec, Ver.

CRÓNICA COATEPECANA
Dr. Jesús J. Bonilla Palmeros
jesus_bonilla1@hotmail.com
(Sexta parte)
En el trabajo de Cecilia Sheridan Prieto, se destacan una serie de situaciones que de forma cotidiana se sucedían al interior del sindicato, entre las que se sugieren casos de corrupción en determinadas administraciones, como el comité sindical encabezado por la obrera Amparo Ortiz, quien logró ocupar el cargo de Secretaria General en reiterados periodos, desde los inicios de los años treinta y de manera permanente de 1941 a 1952, año en el que falleció. El poder alcanzado por doña Amparo se debió a la serie de alianzas establecidas con presidentes municipales en turno, aparte del apoyo obtenido con otros líderes sindicales, licenciados asesores, y el haber mantenido siempre a dos parientas ocupando algunas carteras dentro del comité sindical.
A pesar del poder alcanzado por doña Amparo Ortiz, en algunos momentos debió de ceder ante la presión de algunas compañeras, entre las que destacó doña Adelina Texon Guerrero, quien siempre contestaba o solicitaba se clarificaran los procesos y más los relacionados con la aplicación de recursos económicos. Aun así se dieron situaciones en las que no se informó nunca sobre el destino de significativas cantidades de dinero, a la par de los dividendos obtenidos por la asignación de la plaza otorgada a determinadas obreras, junto con las ganancias obtenidas de los bailes, así como los descuentos semanales aplicados en algunos momentos para apoyar diversas causas.
Un ejemplo de la lucha de intereses fomentado por algunas líderes al interior del sindicato, fue un caso de gran trascendencia en el que debieron de intervenir las propias autoridades municipales y el gobierno del Estado. El problema llegó a su punto álgido cuando Amparo Ortiz en su carácter de Secretaria General, promovió la afiliación del Sindicato de desmanchadoras a la CTM en el año de 1936, situación que acentuó un fuerte divisionismo entre quienes apoyaban integrarse a la CTM y las obreras que pugnaban por la permanencia en la CROM, estas últimas identificadas como “las autónomas”. El divisionismo entre ambos grupos de obreras se prolongó durante varios meses, al grado de que se suspendieron las labores en algunos de los centros de trabajo y se suscitaran diversos enfrentamientos, incluso se llegó al uso de las armas y la violencia física.
Una de las tantas provocaciones que se originaron entre las obreras, era relatado por doña Adelina Texon Guerrero en referencia a una anécdota humorística, reseñaba que cierto día el grupo de las llamadas “autónomas” llegaron hasta el beneficio y cerraron las puertas para no dejar salir a las obreras, quienes en su mayoría se habían afiliado a la CTM. Durante tres días no dejaron salir a nadie del local, ni mucho menos dejar entrar a alguien, situación que derivó en la desesperación por falta de alimentos entre las desmanchadoras encerradas. Entonces el grupo de las “autónomas” optaron por empezar a freír grandes pedazos de longaniza y a comer en tacos al pie del edificio, con la intención de que el aroma entrara por las ventanas y acentuara el apetito entre las obreras recluidas. Doña Adelina con cierto dejo de reprobación se refería a dicha situación con la expresión “algunas obreras eran unos verdaderos pingos”, quién iba a pensar en atormentar a las compañeras con el olor de la longaniza y más que en aquel entonces la preparaban tan rica que el olor llegaba lejos y se antojaba.
