EN RECUERDO DE ‘VARGUITAS’, A UN AÑO DE SU PARTIDA

Agencia Reforma
Ciudad de México 13 abril 2026.- A un año de la muerte de Mario Vargas Llosa, Geney Beltrán aborda la etapa temprana de su literatura, que considera una ‘aduana necesaria’.
De ese trance iniciático y fundamental nació, en 1966 -hace 60 años-, La casa verde, que llegó a confirmar a Mario Vargas Llosa como una fuerza insoslayable del movimiento literario que, en un golpe genial de marketing, habría de terminar por llamarse “Boom Latinoamericano”.
“Escribí esta novela en París, entre 1962 y 1965, sufriendo y gozando como un lunático, en un hotelito del Barrio Latino -el Hotel Wetter- y en una buhardilla de la rue de Tournon”, rememoraba el autor en el prólogo que hizo para esta novela en 1998.
Ese joven escritor, “Varguitas”, terminaría por hacerse acreedor al Premio Nobel de Literatura en 2010, a decir del jurado, “por su cartografía de las estructuras de poder y sus afiladas imágenes de la resistencia, rebelión y derrota del individuo”.
A un año de su fallecimiento, el 13 de abril de 2025, esta frase laudatoria de la Academia Sueca puede trazarse hasta los más tempranos esfuerzos literarios de Vargas Llosa (1936-2025): La ciudad y los perros (1963) y La casa verde.
“Lo que es indudable es que el joven Vargas Llosa tenía una enorme ambición literaria”, comenta al respecto el escritor y académico Geney Beltrán Félix.
“Él canalizó esta ambición a través de una forma de la novela que tenía mucho prestigio crítico a mediados del siglo 20 en Occidente, que era la ‘novela total’, esta deriva de las grandes novelas europeas del realismo decimonónico, y de varias empresas novelísticas de los autores renovadores, vanguardistas, del primer tercio del siglo 20, que eran emblemas de la ambición literaria absoluta”.
Beltrán Félix, quien actualmente es coordinador de la Casa Estudio Cien Años de Soledad y profesor de la Fundación para las Letras Mexicanas, conversó con Vargas Llosa en 2014, después de que obtuviera el Nobel, precisamente sobre estas dos dos novelas tempranas.
“La casa verde y La ciudad y los perros son empresas novelísticas que buscan representar un momento histórico, una geografía específica, de la historia reciente del Perú”, plantea el ensayista.
“Esto va de la mano de la audacia técnica. Vargas Llosa no es timorato en estos intentos, es muy audaz, a veces al riesgo del exceso, que es lo que él advertía sobre La casa verde en aquella entrevista (de 2014)”.
Si bien Llosa jamás renegó de un libro suyo en su vida, su segunda novela, influenciada por su amor por la literatura de William Faulkner, llegó a parecerle demasiado experimental para la obra que terminó desarrollando posteriormente.
Beltrán Félix recuerda que el autor obtuvo un espaldarazo de la crítica muy temprano, desde su primera novela, que ganó el Premio Biblioteca Breve y que fue publicada por el sello Seix Barral, en España, tras un esfuerzo decidido por vencer a la censura franquista.
Lo anterior, junto con el apoyo de la influyente agente literaria Carmen Balcells, infundieron al joven escritor con una confianza en sí mismo que lo llevó a ir más allá en las ambiciones que exhibió La ciudad y los perros.
Con sus múltiples historias que se entrecruzan a través de los años, Vargas Llosa logró una radiografía de las dinámicas de poder y la violencia de la Amazonia peruana, a partir de la historia de un precario prostíbulo.
“Es muy curioso que es una novela escrita en Europa sobre una geografía americana muy poco representada. Es un ejercicio a la distancia, digamos, de construcción y de evocación”, aquilata Beltrán Félix.
Con personajes inolvidables de la bibliografía de Vargas Llosa, como don Anselmo, Bonifacia, el Sargento Lituma y el bandolero Fushía, esta novela compleja y experimental fue la antesala de la que ha sido catalogada como una de las obras maestras de Vargas Llosa: Conversación en La Catedral (1969).
Como profesor y asesor de los nuevos talentos literarios mexicanos, Beltrán Félix ha constatado que Vargas Llosa ya adquirió la estatura de clásico entre sus alumnos.
“Es un clásico moderno al que nos tocó ver en vida, pero él, en su generación, en esto que se llamó el Boom, consiguieron alcanzar una condición de celebridad literaria que se manifestaba en la trascendencia de sus condicionamientos políticos, en la manera como dialogaban con la realidad inmediata”, expone el académico.
“Al mismo tiempo, no se cuestionaba la altísima calidad de su obra literaria”.
Aunque sus posicionamientos políticos han llegado a ser duramente cuestionados por las generaciones posteriores, su figura es insoslayable.
“Sí es un autor que sigue siendo visto como una aduana necesaria para formarse un criterio literario y una condición de escritor.
“Creo que eso no le ocurrió a otros autores latinoamericanos que tuvieron mucha relevancia”, apunta Beltrán Félix sobre otros escritores, como el guatemalteco Miguel Ángel Asturias y el uruguayo Juan Carlos Onetti, que son menos leídos actualmente.
“Con Vargas Llosa, creo que sí sigue siendo un autor al que se le lee, aunque sea para cuestionarlo, en términos no solo políticos, sino literarios también”, concluye.
A un año de su fallecimiento, y a 60 de la publicación de su segunda novela de juventud, Mario Vargas Llosa continúa generando discusiones políticas y literarias relevantes, además de mantenerse vigente en las lecturas de las nuevas generaciones.