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Sáb, 1 ago

ERLING HAALAND BRILLA CON GOLEADA MONUMENTAL Y NIVEL UNSTOPPABLE, ROBANDO EL SHOW

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El gigantón noruego armó tremendo alboroto en el exclusivo bodorrio de su compañero Donnarumma, poniendo a toda la crema y nata del fútbol a remar en el sucio piso.

¡Se armó el desmadre en la boda del año, comadres! Lo que prometía ser una elegante y muy estirada velada romántica en el exclusivo pueblito de Locorotondo, allá en Italia, terminó convirtiéndose en un auténtico barco pirata gracias a las locuras del mismísimo Erling Haaland.

Resulta que el porterazo Gianluigi Donnarumma y su amorcito desde la adolescencia, Alessia Elefante, por fin se dieron el “sí, acepto” este fin de semana. Todo pintaba para ser un banquete de lo más pipirisnais, con orquesta fina preparada y copas de cristal, hasta que el delantero noruego decidió apoderarse del escenario y mandar el protocolo por un tubo.

¡Y vaya numerito que nos regaló! Vestido con un esmoquin de súper lujo, Haaland agarró un tambor de quién sabe dónde y puso a todos los invitados VIP a hacer el famoso ritual del “Viking Row”. En los videos que ya traen a internet de cabeza, se ve a gente de gala, con vestidos carísimos, sentados en el mismísimo suelo, balanceándose de un lado a otro como si estuvieran en altamar.

Las carcajadas no faltaron, porque el tremendo rubio hasta tuvo que parar su concierto de percusiones en seco para enseñarle físicamente a un invitado despistado cómo se hace el famoso movimiento. ¡El noruego no perdonó ni a las visitas más persignadas y los puso a sudar la gota gorda al grito de “row”!

Entre los testigos de este tremendo argüende estaban figurones pesados como Pep Guardiola, Paolo Maldini, Sandro Tonali y Nicolò Barella. De hecho, a Guardiola y Maldini los cacharon muy juntitos echando el chisme largo y tendido; dicen las malas lenguas de la prensa que andaban armando el complot sobre quién será el próximo mandamás de la selección italiana.

Hay que recordar que este ruidoso ritual de los remos es una maña que la selección noruega le copió a su propia porra. Pero por lo visto, a Haaland ya le gustó tanto la cantaleta que ahora se lleva el tambor hasta para los bautizos, casorios y primeras comuniones. ¡Una locura total que rompió con toda la etiqueta!

Al final, el pobre Donnarumma —quien ahora tiene que aguantar a este torbellino en el vestidor del Manchester City— no tuvo de otra más que aflojarse la corbata, sentarse junto a su flamante esposa y dejar que su noche mágica se convirtiera en un ruidoso club de remo. ¡Si van a invitar a Erling, mejor escondan la cristalería!

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