FUTBOL Y PASIÓN

La Palabra y el Hombre metió un gol
Por Jennifer Rodríguez Pacheco
La edición número 75 de la revista de la Universidad Veracruzana La Palabra y el Hombre trata sobre uno de los temas que actualmente más le importa al mundo. A pocos días del mundial 2026 que en parte tendrá como sede a México, apropósito, esta revista trata sobre futbol.
No es solo verlo, también hay que discutirlo.

Durante la presentación de la revista, llevada a cabo en la FILU el pasado domingo 24 de mayo, se mencionó una frase provocadora: “un mundial que es en México, pero no es para los mexicanos”. La afirmación puede parecer polémica, y justamente ahí aparece la dimensión geopolítica del futbol, preguntarse para quién está pensado realmente el espectáculo y qué intereses económicos lo atraviesan, ¿más para nuestros países vecinos Estados Unidos y Canadá?
La revista analiza el futbol desde perspectivas antropológicas, filosóficas, históricas y literarias. Porque, aunque podría decirse que para entenderlo hay que jugarlo o verlo, también es cierto que el futbol sucede fuera de las canchas.
Ese mismo domingo, después de la presentación, presencié una de esas manifestaciones futboleras en las calles de Xalapa. El Cruz Azul había ganado y cientos de personas salieron en sus autos a festejar en el centro de la ciudad. Eufóricos con la victoria, muchas personas unidas por un mismo fin, la pasión por su equipo.
El acontecimiento incluso se volvió noticia en redes sociales. Un taxi terminó entregado como tributo a la victoria del Cruz Azul, varios hombres iban encima del auto, saltando, gritando, con cornetas, agitando banderas, sentados en la cajuela, parados sobre el parabrisas estrellado por el peso. La escena puede parecer salvaje, pero no extraña; es una imagen recurrente en las celebraciones del futbol.
No se puede negar que en el futbol también aparece la violencia, las masculinidades cuestionables o los excesos. Ahí está el ejemplo del taxi, o a lo largo de la historia del futbol en México podríamos mencionar varios acontecimientos de este tipo. Sin embargo, también existen muchos prejuicios que terminan reduciéndolo únicamente a eso.
Pero, antes que nada, hay que reconocer que en el futbol hay pasión, y también sufrimiento. Basta con imaginar a una persona aficionada viendo el partido de su equipo mientras va perdiendo en los últimos minutos, hasta se vuelve religioso y hace un rezo desesperado: “por favor Dios, aunque sea un gol”.
El fanático, en cambio, sufre más, porque vive la emoción con más intensidad, el partido deja de ser entretenimiento y se convierte en esperanza, angustia o promesa. Hay quien incluso lo vuelve una negociación: “si gana mi equipo, te prometo tal cosa”.
El hecho de que una competencia de futbol puede causar tantas emociones, explican Norbert Elias y Eric Dunning (1992), es porque son acontecimientos miméticos, es decir, representaciones simbólicas de una batalla. Dos equipos se enfrentan para obtener la victoria, y con ello, se despiertan emociones y pasiones durante el juego.
Y otra cosa muy importante, en el futbol no hay represiones emocionales, se puede gritar, saltar, llorar, abrazar desconocidos o incluso rezar. Conductas que resultarían raras en una oficina, escuela o centro comercial, pero en el estadio son completamente aceptables.
Se puede no compartir el gusto por el futbol, pero es imposible negar la enorme emoción que produce. Y al final, ahora pretendo convertirme en observadora del futbol, leeré acerca de lo es, o quizás pueda aprender más lo que es el futbol, viendo cómo sucede en la cancha.
