Especial

Haciéndoles cambio de luces…

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Por Ramón Durón Ruíz

El genio de Pablo Neruda dijo: “Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas.”
Cuando emprendes un viaje hacia tu interior, nace un rico maridaje con la vida, llega un acompañamiento de luz, brota la auto transformación, “es la más feliz de tus horas porque te encuentras contigo mismo”
Cuando te encuentras contigo mismo, accesas a un proceso de renovación que sana tu mente, que te provee de una rica visión del presente y del futuro, que debilita tu ego, que trabaja en la unidad holística de mente-cuerpo-alma, fortaleciendo tu ser y Divinidad Interior, sembrando el amor incondicional que tiene la magia de hacer más ligero tu viaje por esta carnalidad.
Cuando tienes la virtud de encontrarte contigo mismo, se te abren un mundo de oportunidades, surgen grandes espacios en la vida para la reflexión y la toma adecuada de decisiones, aprendes de los tropiezos y te regocijas con tus éxitos, construyes las circunstancias idóneas para vivir con una enorme calidad y calidez.
Encontrarte contigo mismo, te recuerda que eres mucho más que los sentidos físicos, –el sentido del gusto, el del tacto, el del oído, el de la vista, el sentido del olfato–, abre tus sentidos extra corporales –el sentido de vida, el sentido del amor, el sentido común, el sentido de la ubicuidad y el sentido del humor– y ¿quién para a un hombre que con sus 10 sentidos se empodera de la vida?
Encontrarte contigo mismo, te une a tu poderosa naturaleza, te enseña que “Cada amanecer, significa: AMA NACER”, nacer a una nueva vida que te identifique con el ser de luz que eres, que te lleva a introducirte a los entresijos del universo, para que construyas un mundo espectacular, en el que “des rienda suelta a tus sueños… que ellos saben el camino”
Encontrarte contigo mismo, te lleva a sondear, vislumbrar, descubrir y reencontrarte con tu maestro Interior, que es profundamente sabio y te llena de paz interior, pasión, alegría y felicidad, debilitando al ego, –que tanto daño te hace–, sanando tu mente y armonizándote en un rico equilibrio con el universo.
Encontrarte contigo mismo, es creer en ti, para creer y crecer en la vida, para encontrar la alegría en medio del dolor, para alimentar tu alma de amor y sin saber ¿cómo o porque? Los miedos –que debilitan tu vida- morirán de hambre.
Encontrarte contigo mismo, es un arte de vida que te desconecta de lo superfluo y de las banalidades, y te conecta con el hálito de vida, que te lleva a fluir en equilibrio con el universo y saborear el pedazo de eternidad que hay en ti y disfrutar el pedazo de cielo en el que vives.
Encontrarte contigo mismo, metafóricamente es desbloquearte del dolor, es ‘sacar a pasear al alma’ para seguir avante; es deshacerte de lo que te daña, abriendo espacio para recibir el racimo de bendiciones que hay para ti.
Encontrarte contigo mismo, es entreverar sonidos y silencios, que te lleven a viajar a tu ritmo y a tu tiempo, para abrirte a nuevas experiencias, acción que te ayuda a romper el círculo vicioso que genera el miedo y te adentra en el círculo virtuoso que el amor provee, volviéndote cómplice de la felicidad, elevándote más allá de tus límites.
Para el Filósofo, el buen sentido del humor, es el camino más simple para encontrarte contigo mismo, “el camino a tu interior, tiene la magia de tocar fibras vitales, aumenta tu tono de ánimo, ensancha tu capacidad de aprendizaje, fortalece tu creatividad, abre tu alma a nuevas experiencias y formas de ver la vida.”
A propósito de humor, “venía un pela’o por la carretera en su vochito viejo, de repente se le apagó, el tipo, se orillo para ver si podía hacerlo arrancar, pero nada. En eso apareció un Mercedes Benz a 170 km/h. El tipo del Mercedes se apiado del dueño del vocho, se da un amarrón y se ofrece a remolcar al vocho.
El dueño del vochito aceptó enseguida, pero lo apercibió amablemente:
— Nomás no le pise mucho porque ésta madre se va a deshacer, bueno mejor sí písale y cuando sienta que ésta ‘ingadera se desmadra, le hago el cambio de luces pa’ que le baje.
El Mercedes comenzó a remolcarlo a 80 km/h y el dueño del vocho sentía que su carrito se desbarataba; entonces le hacía cambio de luces para que le bajara a la velocidad. En eso se les empareja un Porsche, retando al Mercedes. Y claro que como buen mexicano le sube la velocidad y va: 120, 130, 140, 150, 190, 210, 240, 260 km/h.
El dueño del vocho se moría, pues su vocho se iba deshaciendo, y por más que le hacía cambios de luces y le tocaba el claxon y nada, el Mercedes y el Porsche jugando a las carreras.
En eso pasan a una patrulla de la Federal de caminos, en la que el radar registra 300 km/h. El policía avisa por radio al próximo puesto: — ¡Atención!, ¡Atención! Un Mercedes gris plata y un Porsche negro a más de 300 km/h y juro por mi vieja, que tanto quiero, que viene un ‘inche vocho atrás de ellos pitándoles y haciéndoles cambio de luces… ¡PARA QUE LO DEJEN PASAR!

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