La Otra Versión
René Sánchez García
En el curso de Etnografía Antropológica dentro del plan de estudios de la Escuela de Antropología de la Universidad Veracruzana, era obligatoria la lectura del libro clásico llamado Juan Pérez Jolote, Biografía de un Tzotzil, (México, 1952, Fondo de Cultura Económica, Colección Popular No. 4, 117 p.), escrito por Ricardo Pozas Arciniegas (Querétaro 1912-1994 Ciudad de México), uno de los alumnos más brillantes de la recién inaugurada Escuela Nacional de Antropología e Historia.
Uno de los primeros proyectos de investigación de Ricardo Pozas, fue estudiar la región donde habitan los indígenas del grupo Tzotzil en el estado de Chiapas, allá por los inicios de los años cuarenta del siglo pasado. Así de esta manera se internó de lleno por meses cerca del poblado de San Juan Chamula, donde de manera paciente observó de manera detallada, todos y cada uno de los aspectos de la vida social, económica y religiosa de una comunidad, sometida y explotada desde la llegada de los españoles a Mesoamérica.
Dentro de su proceso de investigación, Pozas se encontró con un hombre maduro llamado Juan Pérez Jolote, quien, gracias a la amistad lograda entre ambos, le narró de manera verbal los aspectos más importantes de su vida. La inicia desde su infancia y la continúa con su juventud, terminando con su edad madura. En esa historia personal narrada, Juan Pérez Jolote hace mención a la organización social, política y religiosa de su pueblo natal. De allí nace la idea de Ricardo Pozas a escribir su libro Juan Pérez Jolote, Biografía de un Tzotzil. Con la finalidad de dar a conocer los usos y costumbre de dicho grupo indígena mexicano”.
No se trata de un relato cualquiera, es una historia personal de vida, quizá la misma que viven y sufren los hombres y mujeres indígenas de cualquiera de las 52 etnias del territorio nacional. Pero en esta se ve el maltrato del padre, la vida dura del campo, el maltrato y explotación por parte de los caciques o dueños de las tierras, su vida amorosa para conseguir mujer, el desempeño de sus actividades civiles dentro de su comunidad, la incursión en cargos religiosos, cuya misión no sólo era cumplir el mandato de Dios y de sus hermanos indígenas, sino sobresalir para ser considerado por todos como un “hombre importante y de respeto”. Y finalmente, de cómo se va minando su salud, tal y como le sucedió a su padre, al ingerir sin medida alguna ese alcohol que le permitió tomar las mejores decisiones.
En el momento de su publicación, la obra fue catalogada como un informe. Otros más la calificaron como una buena descripción de su trabajo de campo. Sus compañeros la consideraron como un relato en primera persona para mostrar el resultado de su investigación antropológica. Con el paso de los años, este libro, Ricardo Pozas Arciniegas fue considerado uno de los autores hispanoamericanos más importantes del siglo XX. “Su trabajo trascendió de la antropología a la literatura, por el uso de un lenguaje casi poético que emplea en su escritura”. Finalmente, hoy en día se le considera a dicha obra como la iniciadora de la novela antropológica en México.
A los 75 años de su primera edición, el Fondo de Cultura Económica le rindió un homenaje al hombre y al libro. Pérez Arce en la ceremonia expresó: “Es un informe de antropología, desde luego, pero es un texto literario sin ninguna duda. Para lograr una obra como esta, se necesita un gran talento, con que el autor logró detectar a un gran narrador en su personaje, pero también descubrió el interés que podía generar una biografía que vinculaba a una comunidad indígena con la historia nacional.” Estaba omitiendo los magníficos dibujos que ilustran dicho libro, que son de la imaginación, creatividad, mano y lápiz de Alberto Beltrán.







